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Madrid.- Con la muerte de Manuel Fraga se va uno de los protagonistas de la historia política de España de los últimos 60 años, que pese a su fracaso en presidir el gobierno, trascendió desde la dictadura a la democracia.

Nacido el 23 de noviembre de 1922 en Villalba, Galicia, noroeste de España, el político falleció la víspera en su casa de Madrid a los 89 años de edad por una complicación respiratoria que se agravó en los últimos días.

La capacidad de adaptación y de buscar siempre estar activo en política fueron la constante de Fraga, quien de niño vivió la Guerra Civil Española (1936-1939) y ocupó cargos políticos relevantes en la dictadura franquista (1939-1975), la transición política y la actual España democrática.

Tras sus estudios en derecho y ciencias políticas, en la década de los cincuenta ocupó cargos en el Ministerio de Educación, para en 1962 cuando llegar al Ministerio de Información y Turismo donde impulsó la flexibilidad en materia de la libertad de prensa.

Ahí se ganó por parte de los más radicales de la dictadura franquista críticas por la apertura que mostraba, mientras la prensa lo cuestionaba por no levantar del todo la censura, pero su gestión permitió publicaciones que antes estaban proscritas.

Imagen de esa época, de 1966, fue cuando llevó a los periodistas a las playas de Palomares, sur de España a ver cómo se bañaba en una playa donde dos aviones estadounidenses con material radiactivo habían chocado, a fin de demostrar que no había riesgos para la salud.

En 1969 fue destituido y enviado a Londres como embajador, desde donde se mantuvo expectante a los últimos años del régimen militar, y generó contactos diversos a nivel internacional para atraer atención en el futuro político de España.

Tras la muerte de Franco, y con el rey Juan Carlos como nuevo jefe de Estado, se le nombró en 1975 ministro de Gobernación (hoy ministerio del Interior) con Carlos Arias Navarro como presidente del gobierno.

De su gestión de meses destacan hechos como su contención a la izquierda, a la que impidió manifestarse y por eso se le atribuye la frase: “la calle es mía”, la que él negó pero que definió su paso por ese ministerio.

Los principales detractores de Fraga recuerdan que en esos meses se dieron algunos hechos de represión a movimientos nacionalistas y otros, además de que ya en el régimen franquista apoyó algunas sentencias de muerte, principalmente de miembros de ETA.

La decisión del rey de designar a Adolfo Suárez como presidente en 1976 le dejó fuera del gobierno, y en momentos en que se preparaba la reforma política para la transición a la democracia, optó por crear Alianza Popular, antecesor director del hoy gobernante Partido Popular (PP).

En 1977 y 1978 su partido se mantenía como cuarta fuerza política y eso le permitió participar en la redacción de la Constitución española, sobre la que cuenta que había contenidos que tardó en aceptar.

Tras algunos ajustes a su formación, en 1982 logró mejor resultado electoral y se convirtió en líder de la principal fuerza opositora al gobierno del socialista Felipe González, ante el que pierde en 1987 una moción de censura y le genera problemas en su partido.

En 1989 y tras varias “revueltas internas”, cedió la dirigencia a José María Aznar, que ya encabezó la formación con el nombre de Partido Popular, mientras Fraga se fue a Galicia a contender por la Presidencia local a la que llega en 1990.

En su comunidad ejerció un gobierno de 15 años (en cuatro legislaturas), en el que desarrolló la acción exterior como ningún otro dirigente local, y de cuya etapa se recuerda sus contactos con el entonces presidente cubano Fidel Castro, lo que le generó muchas críticas.

En 2005 no pudo revalidar la mayoría para gobernar y decidió irse como senador representante del Parlamento gallego, cargo que mantuvo hasta noviembre pasado.

En los últimos años, la salud de Fraga le jugó varios reveses, por lo que de caminar con dificultades, pasó a no separarse del bastón, el último año a los actos públicos asistía en silla de ruedas, hasta que el pasado 2 de septiembre anunció su retiro de la política.

Autor de unos 100 libros, la mayoría sobre doctrina política, recibió una treintena de doctorados honoris causa en diversas universidades del mundo, así como condecoraciones oficiales.

Para muchos será recordado por sus frases, la mayoría políticamente incorrecta cuando trataba de zanjar las preguntas, así como por su inagotable desempeño en la política que le mantenía ocupado desde la mañana hasta la medianoche.

Las vacaciones y su tiempo libre se los
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