"No creo que pase a la historia por este gol. Tengo muy claro lo que soy", aseguró el jugador, poco amigo de los micrófonos. "Y espero que el domingo haya otro gol más importante que este".
A Puyol no le gusta el primer plano. Lo suyo es guardar las espaldas a los primeros actores. Se siente cómodo en su papel de secundario, pero su jerarquía lo ubica a veces en el centro del foco.
Sucedió el miércoles ante Alemania, en las semifinales. Su gol en el minuto 73 gracias a un cabezazo al saque de un tiro de esquina de Xavi Hernández supuso el 1-0 definitivo y el pase de España para la final, el domingo ante Holanda.
"La verdad es que son momentos que hay que vivirlos, más para un jugador como yo, que no está acostumbrado a marcar goles", contó. "Pero todo pasa muy rápido y hay que centrarse. Siempre soy consciente de que tengo que defender, porque si manteníamos nuestra portería a cero, pasábamos a la final".
Puyol suele subir a rematar las jugadas a pelota parada, pero en 89 partidos con la selección el defensa central sólo ha logrado tres goles. El miércoles en Durban, sin embargo, se tenía fe.
"Xavi y yo habíamos hablado esta jugada", contó Puyol, compañero del centrocampista en el Barcelona. "En la primera parte lo intentamos, pero no salió. En el descanso insistí a Xavi y salió perfecto".
Pese a todo, Puyol no rompió en Durban su costumbre de no hablar tras los partidos. No lo ha hecho en los últimos años y tampoco lo hizo el miércoles.
Esperó un día para hacerlo en el centro de alto rendimiento de la Universidad del Noroeste, pero brevemente.
El miércoles saludó casi por obligación a la reina de España, Sofía, que bajó al vestuario del equipo para felicitar a los jugadores. "En ese momento estaba con hielo en la rodilla. Yo me escondí detrás, pero al final me llamaron y tuve que salir", confesó.
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