Una corona navideña en la puerta de una casa por aquí y otra más allá, un basurero casi lleno, una bicicleta estacionada, una puerta abierta durante tres días con sus noches, un televisor encendido el mismo tiempo y nadie se molestó en saber el motivo, en averiguar si la persona que vive tan sólo a una pared de distancia se encuentra bien. Esa persona era Cirilo, vivía en la casa 30, en la Región 247.
Cirilo era un hombre reservado que, según los policías, padecía cirrosis y vivía solo desde hace casi tres años, su madre lo dejó hace ocho días y ahora que está muerto, no se sabe cómo ni en dónde localizarla, pues Cirilo no hizo amistad con nadie, nadie lo conoce ni mucho menos saben si existe otro familiar que reclame su cuerpo.
Los elementos policiales de la patrulla 5412 platican afuera del domicilio, hablan con la prensa y con personal de una funeraria que también llegó al lugar. El cuerpo fue trasladado por el Servicio Médico Forense, mientras una vecina de cabellos negros y blusa azul llora la muerte de ese desconocido con el que compartió la misma calle y con quien nunca habló.
| Comparte ese artículo: |
|



