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Saltillo.- Que son unos “gandallas”, que se creen paridos por Dios, que piensan que lo saben todo y que fácilmente se reconocen en Acapulco, son sólo unas de las tantas cosas que se dicen de los habitantes del Distrito Federal, pero, ¿cómo los ven dos treintañeros que, sin pretensiones sociológicas, se dieron a la tarea de observar a sus paisanos para reflexionar sobre los bueno y lo malo que tiene ser chilango, y de paso, reírse un rato del asunto. El resultado fue “El Libro Chilango. Actitudes, Amores y Odios de los Hermosos Habitantes del DF” (Planeta, 2013), en el que Nicolás Conti y Diego Basave llevan al lector a dar a dar un paseo por “la ciudad más grande del mundo”.

“Yo creo que el término ‘chilango’ empezó siendo ofensivo, pero a lo que nosotros nos referimos en el libro es a una persona que vive en el DF y está orgullosa de ello”, advierte Conti, quien nació en Argentina, pero lleva llegó muy niño a la gran urbe mexicana.

En este hilarante volumen, los autores dan cuenta de la idiosincracia de los chilangos, muchas de sus costumbres, sus rituales y actitudes. En 151 páginas se conjuntan los festejos en el Ángel, las marchas, la piratería, incluyendo la manía por sonar el claxon, comer quesadillas, apoyar a su equipo de futbol favorito, y hasta Carlos Monsiváis.

“Todo empezó porque Diego, el coautor, estaba viajando de Miami al DF y vio cómo se colaba una persona en el baño del avión, que pasaba antes que otra y él dijo: ‘seguro es del DF’”, relata, “lo apuntó en un papel, vino y nos lo comentó a unos amigos y nos pareció gracioso pensar en qué otras cualidades o defectos tenía la gente capitalina”.

Decididos a conformar “un retrato” de sus coterráneos y de ellos mismos, Conti y Basave, luego de tres meses llegaron a apuntar más de 40 aspectos, decidieron desarrollar el proyecto de una publicación y encontran una editorial que se interesara.

“Yo no la llamaría una investigación sociológica porque ya nos han tirado un poquito de que el libro pretende ser algo que no es. Para nosotros es más que nada observaciones que hemos hecho por vivir aquí tantos años y tratar de encontrar cosas divertidas”, argumenta Conti, “es un libro más humorístico que de investigación”.


RADIOGRAFÍA DEFEÑA

Entre las cosas que se consignan está el que los chilangos tienen a rebatir los cambios que se presentan, criticar, molestarse, para finalmente terminar aceptándolo ya hasta sintiéndose orgulloso de ello, tal como pasó con el aloholímetro o el segundo metro del Periférico.

“Nos quejamos de todo, por ejemplo que nos quitaron los peseros y nos pusieron el metrobús y luego ya nos acostumbramos porque al chilango le gusta mucho vivir en el DF”, agrega.

Y más allá de la información que los autores aportan sobre el especimen “chilangus gandallensis”, el lector podrá, a través de una encuesta que incluye el volumen, descubrir qué tipo de chilango con pregunas como: ¿Crees que más allá de las fronteras del DF todo es un rancho?, ¿Traes puesta una playera de los Pumas? o ¿Por qué los festejos se celebran en el Ángel de la Independencia?”.

El coautor señala que lo que se buscó con el libro es, primero, hacerle pasar un buen rato al lector, y ya después, que identifique algunas de las actitudes que, al no ser tan adecuadas, intente cambiarlas.

“Yo lo hice; hay un punto en el libro que es el de tocar el claxon nada más porque uno está desesperado. Después de escribir el libro y estar hablando de ese tema cada vez que voy manejando me digo ‘mejor ese claxon, ahorrátelo’. La idea es poder mirar hacia adentro para ver si uno es así y si sí, tratar de cambiar unas cosas o enorgullercerse de otras”, concluye.