Al principio todo marchaba a la perfección, había pedido 7 mil pesos y tendría que pagar 200 pesos quincenales, pagos que cumplía sin falta para no prolongar su deuda y terminar de pagar rápido aquel préstamo.
Su arrepentimiento llegó el día en que por curiosidad decidió preguntar en la sucursal bancaria donde había solicitado el préstamo sobre el saldo de su cuenta, momentos en los que se arrepintió de la decisión que había tomado.
“Fui a dejar un abono y por curiosidad pregunté cuánto me faltaba para pagar, y fue cuando me di cuenta de que lo que estaba abonando no llegaba al pago de la cuenta porque casi todo era de intereses”, comentó José de Jesús, el cual se puso blanco de la impresión ante aquella respuesta de la empleada que lo atendió.
Esto debido a que al momento de solicitar el préstamo, nunca preguntó sobre la tasa de intereses que manejaba el banco, por lo que de esos 200 pesos que daba quincenalmente, 150 eran de intereses, lo cual hizo mucho más larga la cuenta.
CUENTA ETERNA
A este problema se sumó su despido de la empresa para la que trabajaba, por lo que la desesperación comenzó a invadirlo al no tener el dinero para pagar esa deuda, que cada vez más se hacía mayor.
Pero al poco tiempo las cosas fueron solucionándose, Juan José volvió a trabajar y se puso al corriente con los pagos, aunque seguía amarrado al banco, quien prácticamente lo tenía en sus manos debido a que la institución bancaria no aceptó la liquidación del pago, tenía que seguir con los pagos mensuales.
“Después que conseguí trabajo fui a preguntar si podía pagar lo que debía, pero no me lo aceptaron, me dijeron que tenía que segur con los pagos quincenales y que no podían disminuir la cuenta; si pagaba, tenía que liquidar de contado los abonos que faltaban y pues era mucho dinero”, manifestó.
Desde el día de su préstamo hasta la fecha del pago, José de Jesús Hernández vivió momentos de calvario, pero aprendió una lección, la cual nunca podrá olvidar: no pedir prestado a una institución bancaria.
| Comparte ese artículo: |
|



