Con 20 poemas que se transformaron en 14 canciones, gracias a la musicalización de Laura de Ita, apoyada en Polka Madre y una serie de personalidades que se fueron enamorando del
proyecto.
Julián Herbert lanzó varios paracaídas, desentrañando el libro, describiendo sus características: “es su visión del insomnio, de la lluvia, de los aeropuertos”.
“Paracaídas que no Abre”, dice Herbert, parece encajar con lo que hoy se llama “blog literatura” que tienen una característica técnica: “No son cuentos pero tienen elementos narrativos, no son crónicas, pero se basa en elementos de la realidad”.
El poeta destacó el diálogo que establecen algunos poemas con textos de Octavio Paz y Jaime Sabines, entre otros. Y, la presencia de “cierta textura aforística” y para demostrarlo compartió algunos fragmentos.
El libro hecho disco fue clasificado por Herbert como neocabaret y demuestra, según él mismo “la flexibilidad de los pasajes”.
Por su parte, el escritor Juan Manuel Servín se mostró sorprendido que Páez Varela tan inmerso en la nota dura tenga todavía tiempo, capacidad y ganas de hablar del amor.
De alguna manera, dijo Servín, es un libro que salva, que “nos regresa a una intimidad, a una zozobra” y agregó que refleja el devenir de un ser humano que vive en el Distrito Federal.
“Paracaídas que no Abre” es un libro de madrugada, cuando el autor deja de ser periodista y se convierte en escritor, por lo mismo está escrito en primera persona.
En esta obra el paracaídas somos todos, porque es fácil identificarse con su prosa citadina, dolorosa e incluso violenta y porque es, fundamentalmente, un libro de amor: “Del amor nacieron los veinte textos y las doce posteriores canciones (…) El amor unió a los autores de letra y música, a los dueños de cada voz”.
| Comparte ese artículo: |
|



