Ángela tenía programado el parto para el 14 de septiembre. Era su tercer hijo, y la primera niña. Sin embargo, diez días antes, empezó a sentir dolores.
Su esposo, Hipólito Sandoval Venancio, la llevó de inmediato al hospital. Eran las 17:00 horas del sábado 3 de septiembre. Ángela llegó con algunas contracciones, pero no la quisieron atender, contó Hipólito.
Hasta las 20:30 horas, agregó, fue cuando la revisó el doctor Ramón López Gallegos. "El doctor le dijo que no eran contracciones del parto, que era una infección. Mi esposa tenía 36 semanas. Le dio una medicina, un óvulo vaginal, mi esposa se lo puso, y después de un rato se dio cuenta que la bebé ya no se movía", explicó.
El domingo acudieron de nueva cuenta al hospital, pero les dijeron que no había doctores, por lo que optaron por buscar a un particular. Sin éxito, regresaron a su casa ubicada en la colonia Luis Donaldo Colosio, en la periferia de la ciudad.
A la mañana siguiente fueron a buscar a un médico particular, quien les confirmó que la bebé había muerto, por lo que éste les dio un pase para que la señora fuera atendida de urgencia en el Hospital Civil.
Pero el suplicio continuó en el nosocomio. Ahí esperaron desde las 10 hasta las 5 de la tarde para que los atendieran. Cuando finalmente la atendieron, los médicos no querían hacer la cesárea, sino inducir el parto, narró Hipólito.
"No es posible que uno llegue aquí para que lo atiendan y encuentre un trato déspota o que te digan que no hay médicos. En verdad es triste, porque llegamos necesitados de la atención médica y ni caso nos hicieron", abundó.
Después de ocho horas, finalmente Ángela Ramos fue operada para extraerle al bebé del vientre. Ahora, Hipólito espera que se haga justicia.
"Por negligencia médica perdí a mi hija y estuve a punto de perder a mi esposa, y no somos los únicos que hemos sufrido la mala atención. Tengo vecinos, amigos y familiares que han vivido casos similares, por eso denuncié, para llegar hasta las últimas consecuencias", agregó.
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