Dicha cruzada fue engalanada por danzantes, quienes en compañía de cerca de 50 sacerdotes, encabezados por el obispo emérito, Francisco Villalobos, así como párrocos, trabajadores del Seminario, familiares y amigos con singular fe llegaron hasta el Santuario de Guadalupe.
Antes de llegar al recinto sagrado, danzantes realizaron un simbólico ritual, para dar pie al arribo de los párrocos, seminaristas, familiares y amigos a esta emotiva ceremonia, misma en que una de las principales peticiones es que regrese la paz a la localidad.
Otra de las súplicas fue cada vez sea más la gente que se acerque a la Iglesia, no sólo en busca de purificar su alma, sino también para hacer el bien hacia el prójimo, pues hoy en día la gente está actuando y haciendo cosas sólo a favor de ellas y cada vez el valor de ayudar entre las mismas personas se está perdiendo.
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