Desalentados, con hambruna por la poca actividad agropecuaria después de una sequía de un año cinco meses, catalogada como la más severa de los últimos años, los hombres y mujeres del campo ramosarizpense piden apoyo desesperado de las autoridades de los tres niveles de Gobierno.
La muerte de cabezas de ganado vacuno y caprino no cesa, los agostaderos están totalmente secos y no hay alimento para los animales y como nunca antes, la misma lechuguilla, planta característica del semidesierto, está muy seca y es imposible trabajarla para producir el ixtle.
Las historias son las mismas: no hubo cosecha; sequía acabó con los plantíos, no hay trabajo y por consiguiente no hay dinero para el sustento de las familias; o se compra comida para el hogar o se compran pacas para alimentar a los animales.
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