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San Buenaventura, Coah.- En medio de una pugna por definir quién es el dueño y por lo tanto, cobrar por el uso del lugar, se encuentran las aguas termales de Santa Gertrudis, un pequeño poblado ubicado aproximadamente seis kilómetros de su cabecera municipal, San Buenaventura.

El pleito legal que inició hace poco más de cinco años, es entre los habitantes y el ex alcalde Enrique Ayala, pero mientras se resuelve, lo recabado en la entrada se destina a pagar al licenciado que los representa y que a la fecha no ha resuelto nada, explica una de las encargadas del lugar.

Sin embargo, esta situación no detiene a quienes acuden a las aguas termales en la “búsqueda de su salud”, costumbre centenaria, pues el lugar tiene antecedentes históricos que lo remontan a la época de la Colonia.

Antiguamente se le llamaba Las Mancas o de Santa Gertrudis y por muchos años también se le conoció como el Paso de las Mancas, ya que éste era el paso natural hacia el norte del Estado y camino real hacia Texas.

Así lo explica el investigador sambonense Horacio Domínguez Lara: “A fines del siglo XVIII se establece una hacienda de beneficio para metales llamada Rancho Viejo, con su propia mina y fundición a orillas del río, la cual funcionó hasta finales del siglo XIX”.

Y el manantial de aguas termales sulfurosas se asentó en la parte norte al pie del cerro, a unos cuantos metros del cauce del Río Nadadores es vertido su mínimo caudal, conformado por un tazón de roca sólida natural, el cual hace unos años se extendió y adecuó una alberca para mayor capacidad de visitas en busca de alivio.

El agua brota a una temperatura de 35° C; es limpia, incolora y no potable, con un fuerte contenido de azufre y sales y desde su descubrimiento en la época Colonial, este manantial ha sido considerado como una fuente medicinal contra diversos males.

“La gente acudía para sanar de enfermedades pulmonares, reumáticas, gota o ácido úrico, inflamaciones, dolores musculares e incluso post embarazo”, mencionó Domínguez.

Como antecedentes históricos, el sambonense explicó que en el diario de la expedición de Fernando del Bosque, detalla los recorridos que llevó a cabo con Fray Juan Larios en aquellas tierras.

En su diario fechado del día 4 de mayo de 1675, menciona que salió con los suyos del puesto de San Francisco del Paso en Nadadores; que pasó el río caminando hacia el norte llevando a su izquierda una sierra muy alta que corre de sur a norte, la Sierra de Sardinas, y llegó a un arroyo en una loma larga que corre de poniente a oriente, el Cerro de las Mancas o Santa Gertrudis.

Después de una jornada como de cuatro leguas encontró un arroyo al que los indios de aquellas tierras le llamaban Toporica.

“En 1725, el padre Fray Margil de Jesús, venerable apóstol que luchó por mejorar condición de la raza indígena, predicó en Nadadores y San Buenaventura y permaneció una temporada tomando los baños sulfurosos del paso de las Mancas por lo que para esa fecha ya había asentamientos”, agregó Horacio Domínguez.

En el acta de fundación de la misión de San Buenaventura del año 1744, el cerrito de Las Mancas sirvió como límite de esta misión religiosa situada en lo más alto del cerro.

El fundador de la hacienda en mención fue don Antonio Castellanos a la que originalmente llamó de Las Mancas, pero años más tarde este nombre fue cambiado por Santa Gertrudis, posiblemente debido a que Antonio Rivas, su siguiente dueño era un fervoroso devoto de la virgen.

Para 1753 la hacienda contaba con 23 habitantes, posteriormente se hace el denuncio para extraer metales por lo que para 1761 se documenta que había 54 trabajadores.

A inicios del siglo XIX, la hacienda fue adquirida por Don Antonio Rivas, hombre activo, instruido, emprendedor, valeroso, muy católico y disciplinado, comenta Domínguez.

Por sus negocios, preparación y familiares, se hace un buen amigo y compadre del gobernador Antonio Cordero y Bustamante, los Sánchez Navarro lo distinguían
con su amistad y era amigo íntimo y compadre de Don Ignacio Elizondo.

Desde entonces se escribió la historia de las azufrosas que ahora continúa en medio de la pugna tras cinco años de lucha de los ejidatarios por recuperar lo que siempre les ha correspondido.

Y es que el ex alcalde Enrique Ayala, de acuerdo a la versión de los habitantes de la pequeña comunidad, aprovechó el tiempo que estuvo al frente del Municipio para ayudarlos a remodelar el balneario.

Sin embargo, luego quiso quedarse con el lugar alegando que tiene en su poder escrituras que lo avalan como el dueño e incluso les despojó de otros predios a los ejidatarios que desde sus ancestros han pertenecido a Santa Gertrudis y sus aguas azufrosas.