Así lo declaró la sicóloga del DIF, María Cristina Santacruz Hernández, quien aseguró que el mexicano se forja este tormento a plena consciencia.
“Viven todo el año reprimidos, llega el fin de año y se desbordan, gastan en supuestas necesidades aunque saben lo que viene después, la depresión y frustración por haber gastado lo que no tienen, es a consciencia y muchos lo toman con cierta normalidad”, sostuvo la entrevistada.
Comentó que el fenómeno afecta principalmente a las personas de mediana y baja condición económica, quienes tratan de compensar las carencias en las festividades decembrinas.
“Es el tiempo en que hay bonanza económica, pero en enero el dinero se acaba y con él la euforia momentánea, y viene la depresión, ansiedad, casos de violencia, discusiones familiares, frustración, algo para lo que no están preparados”, agregó la profesionista.
Recalcó que el mexicano tampoco tiene la costumbre de ahorrar, por lo que la cuesta de enero es más pronunciada, “piensan que diciembre es para gozar y enero para sufrir, y el resto del año para medio sobrevivir, en vez de ahorrar y prepararse para lo que viene”, sentenció la sicóloga.
Las recomendaciones que emitió Santacruz Hernández para evitar el declive que genera la depresión o frustración de la cuesta de enero son: medirse en el gasto de dinero durante el fin de año, organizar los pagos o adeudos que se tengan para su liquidación, acostumbrarse a ahorrar y siempre pensar en la superación en todos los ámbitos pero lejos de la envidia y la ambición sólo económica, pues esto únicamente creará mayor frustración.
“Tratan de compensar en diciembre todo lo que sufrieron en el año, pero esa estabilidad emocional se termina cuando el dinero se acaba”, finalizó Santacruz Hernández.
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