Pero no fue una presentación común y corriente. De pronto el Salón de las Letras se quedó en penumbras. Se encendió la pantalla con un albo fondo y el símbolo de Elemento Cero Ediciones. El público sólo podía ver una sombra, casi una silueta con cabello largo, un piano y un músico tenuemente iluminados. Una melodía lejana, sonidos que alteraban las percepciones, como murmullos en agonía abrieron la velada. Nadie se lo esperaba. La poeta monclovense Claudia Luna evocó cada palabra al ritmo del piano, con versos que hablaban de una naturaleza onírica, poemas bucólicos que se perdían entre la oscuridad y las tonadas leves.
Después de algunas lecturas músico y poeta tomaron asiento para explicar un poco del proyecto. Con la edición del elegante libro, Alejandro Arizpe Narro y la escritora pretenden ayudar económicamente al grupo étnico de los negros mascogos, comunidad radicada en Múzquiz, Coahuila, que tiene problemas con el agua y la sobrevivencia.
Explicaron que el libro fue hecho con una impresión especial para ahorrar tinta. Los poemas aparecen en español y en inglés con traducción de José Medina Mora. Debajo de cada verso aparece otro invisible, sólo puede descubrirse si a oscuras se ilumina la página con una lámpara durante 30 segundos. Al apagar la luz, surgen palabras fosforescentes. Las imágenes fueron tomadas con un microscopio, son semillas de cactus y plantas del desierto. En el evento repartieron linternas y libros para que las personas comprobaran esto de los versos luminosos.
También se proyectó un documental sobre los mascogos, video realizado por la cineasta Patricia Carrillo Carrera. Gracias al cortometraje la gente pudo enterarse de la situación y la cultura de esta comunidad coahuilense.
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