Para Carlos Antonio Flores ha sido difícil asimilar que a sus 22 años haya perdido todo por lo que había luchado desde chico. Y todo por unos cigarros, por seguir de parranda.
Resignado ante su actual situación, a Flores Herrera sólo le resta esperar la sentencia que le dicte el juez, que puede ser de tres hasta 12 años y que sólo puede reducir a la mitad si mantiene buena conducta durante su estadía, motivo por el cual trabaja para el Cereso, en el área de cocina.
Lo que realmente le apura es la situación económica de su madre, pues asegura que él era el único que ayudaba en la economía familia. Ahora sólo la ve dos veces por semana.
“Nunca me ha dejado solo (su mamá), siempre que viene me trae comida de casa y ropa limpia”, dice sobre las visitas que recibe y que le causan un problema mayor, pues le cuesta mucho trabajo despedirse de ella, y aún no soporta la idea de verla marcharse sola con las redes vacías y los ojos llorosos.
La oportunidad de ver pronto a su hija de 7 años es también un motivo suficiente para hacer puntos y le reduzcan la sentencia. Cuando habla sobre San Juana Guadalupe, su hija, le brillan los ojos y se nota feliz, situación que dura sólo unos pocos minutos, ya que ni ella ni su ex mujer saben que está preso. “No me gustaría que se enteraran, me da vergüenza que vengan y vean la situación en la que me encuentro.
“Uno aquí se da cuenta de muchas cosas, por eso les digo a los chavos que le hagan caso a sus papás, porque uno siempre prefiere el camino fácil, y con el tiempo te das cuenta que no es el mejor”, comparte para quienes quieran tomar el consejo.
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