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Saltillo.- “Uno empieza a sentir eso que hemos visto en algunos canales de televisión… batallar al orinar, para hacer una gotita, puja, suda, echa uno muchísimas madres, y ahí es donde dice uno, ‘¿pues qué me está pasando?’”.

La cultura de la prevención apenas comienza a tomar color, y a Jesús Ruiz Tejada Pérez, “Don Jeringón”, lo tomó por sorpresa hace dos años a sus 71, cuando le diagnosticaron cáncer de próstata.

Más que falta de información, el mal fundado espíritu machista, sigue siendo en estos días un factor determinante entre la vida y la muerte de hombres que día a día se enfrentan ante el cáncer de próstata. La detección oportuna es la clave. Otros también recurren a la hechicería, dejando correr el tiempo en su contra.

Nacido en Torreón, Coahuila, a sus 73 años de edad, el editor por más de 43 años ininterrumpidos del periódico La Jeringa de Saltillo, ha sorteado muchos pesares, pero sin duda, “el más duro por el que he atravesado ha sido el cáncer”.

Describe el enfrentamiento consigo mismo al ceder ante lo que hasta entonces representaba buena parte de la masculinidad que venía profesando a lo largo de su vida, la misma que ahora pendía de un delicado hilo: el dedo índice de cuatro urólogos.

“El urólogo, como punta de partida”, dice mientras saca un encendedor de cobre en forma de una mano empuñada de la que sobresale el dedo medio, “le hace el tacto rectal”, continuó. Se trata de “un obsequio de un cábula amigo de esos que tengo yo… de todo hay en la viña del señor”, precisó.

Ya iba preparado. No era terapia en grupo, pero muy a su pesar, varios hombres de su familia habían pasado por ello. Vio irse no menos de 10 por la misma causa. Su suegro por ejemplo, murió de cáncer de próstata.

“No creo que uno se acostumbre, es incómoda y hasta cierto punto avergonzarte, pero todo sea por librar la visita de la flaca… y ahí tiene lo suyo”.

Ese fue el día en que le detectaron hiperplasia, es decir, inflamación de la próstata. Cuando comenzó con la administración de medicamentos como el proscar, la mesulina entre otros, ninguno barato. La frecuencia de los exámenes de sangre, de orina, econografías, también incrementaron su periodicidad.

De ahí para el real, visitas cada mes o cada 20 días. “Y ya hicieron caminito por su puesto, verdad”, dice serpenteando su dedo índice hacia el frente.

En la primera etapa fue sometido a una operación que consiste en introducir un instrumento con cámara mediante de la uretra hasta llegar a la próstata, por lo que estuvo internado por 5 días. Era sólo el principio del camino. “Naturalmente que dormidito, porque despierto no hay un ser humano en este mundo que lo soporte… viene siendo un instrumento como un taladro”, recalcó.

Aquel tratamiento le fue practicado en el Hospital General de Zona número uno del Seguro Social. Aquellos días los compartió con otros dos hombres en circunstancias similares. Era un minero de Concha del Oro, de unos 35 años, otro de unos 50 y “La Jeringa”.

“La quejumbre aquella era general. ¿Han oído tocar y cantar a Los Panchos? Sí… pues en ese cuarto nos pusieron ‘Los Pinches’… uno decía ¡ay!, el otro ¡ay ay!, y yo ¡ay ay ay!”, comentó riendo, mientras apretaba los párpados por la sombra del dolor en su mente.

El cielo comenzaba a clarear y todo indicaba que aunque tendría que morir algún día, no sería de cáncer de próstata. Dos años más tarde, el malestar se presentó de nueva cuenta. La fría mano de otro urólogo cubierta de látex, esperaba por deslizarse en aquella cavidad.

Aquí comenzó la historia del doctor “Manón”. Se trata de un personaje que genera hilaridad, picardía, pero es una realidad absoluta.

“Era una mano, además de ágil, yo no diría que cariñosa, ni muy amorosa, sino muy profesional, y ándele mi chulo”, externó. Se reservó el nombre del médico, que esa mañana sin mayor preámbulo le indicó el camino a la camilla donde realizaría la auscultación.

“¿Así nada más?”, le cuestionó don Jesús. “¡Sí!.. Ni una bailadita, ni una cervecita, ni un besito, ¿así nada más de vámonos recio?”.

No era su intención llevarse pesado con el especialista, lo que sucede es que ni la adversidad más cruda ha logrado apagar la chispa del buen humor de “Don Jeringón”. “Y ya se despachó, y con el dedo grande”.

Deben ser tres muestras de biopsia, pero aquella ocasión, el doctor ‘Manón’ obtuvo 15 muestras, que determinaron la presencia del cáncer.

“¿Qué vida me queda?”, fue la pregunta que surge luego del diagnóstico. Si se atendía enseguida, podía eliminarse, quimioterapia o con radioterapia. Optó por la segunda en 45 sesiones de 10 minutos cada una. Trágicamente el Seguro Social no cuenta con este método de tratamiento.

En un año las restricciones comenzarán a ceder poco a poco. “Ando que me pelo por unos wiskilucan, o cuando menos un vinito de esos que se toma el padre Toño”, dijo.

“Estamos en México, país de una idiosincrasia formada con espíritu machista. Aunque yo conozco algunos que muy machos, muy machos, pero les gusta que les piquen la muela del juicio. Es necesario terminar con el mal fundado espíritu machista (…) Está por demás mantener una actitud tan cerrada cuando se trata de la vida de uno, todavía hay qué hacer. Esto, cuando avanza, los terribles dolores y malestares, no te lo calmas ni con toda la droga del mundo”, recalcó.
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