Fueron más de 60 personas las que ayer se dieron cita en punto de las 12:00 del día en las instalaciones del rastro, en donde fueron colocados varios cartones con estas leyendas: “Señor Gobernador, necesitamos de su apoyo”, “Permítanos trabajar, Sr. Gobernador” y “Que se abra el rastro”.
Lo anterior, debido a que la Secretaría de Salud colocó varios sellos de clausura porque las instalaciones no tenían las medidas de salud establecidas.
Sin embargo, ayer el personal del rastro mostró cómo quedaron las instalaciones con las recomendaciones que giró la Secretaría de Salud, que fueron pintar los espacios y emparejar el piso sellando con cemento algunos huecos.
Por su parte, entre los afectados que se manifestaron ayer estuvieron desde las esposas de los empleados, madres e hijos, así como personas que directamente compraban la carne para hacer tamales, menudo y chicharrones para vender, por ser ese lugar uno de los más baratos de la región.
Tal es el caso de Sonia Patricia Reyes, quien confesó ser cliente del rastro, además de te-ner su negocio propio de venta de menudo de donde solventa los gastos de su familia.
“Estamos perdiendo una fuente de ingresos muy importante porque de aquí sacamos para mantener a la familia, qui-zás no trabajamos aquí pero compramos para hacer comida y luego venderla”, dijo Sonia.
Al mismo tiempo, la afectada recordó que este lunes inician las clases y que aún no completa para pagar los gastos escolares de sus hijos, menos ahora que no tiene los recursos económicos que obtenía del rastro.
NO ACEPTAN REUBICACIÓN
Los 14 empleados del Rastro no aceptarán reubicarse en caso de que la clausura del lugar sea definitiva, así lo dio a conocer Amador Gómez, quien junto a su esposa Lucía Marisa Grimaldo se manifestaron ayer para que abrieran el rastro de nuevo.
“Vivimos en la Otilio Montaño y todos mis hijos estudian, no sabemos cómo vamos a pagar la escuela y además mantenernos, porque con el sueldo que aún reciben no completamos”, dijo Lucía.
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