Tags: sundance, quincy jones







Park City.- La actriz Rashida Jones fue casi eclipsada por su famoso padre, el músico Quincy Jones, durante el estreno en el Festival de Sundance de su película Celeste and Jesse Forever, pero a la actriz y guionista eso no le molestó.

Señaló que su progenitor “es quien es, y siempre ha sido y siempre lo será, desde mucho antes de que yo estuviese aquí”.

Añadió que a su famoso padre le encantó la película y precisó que se siente “afortunada de estar con él”.

Aún así, con familiares y amigos en el público, estrenar Celeste and Jesse Forever, que ella escribe, produce y protagoniza, le provocó un gran nerviosismo.

Aunque la cinta dura 90 minutos, Jones dijo que la proyección “pareció durar ocho horas y media”, porque se la pasó “queriendo saber lo que todo el mundo estaba pensando y sintiendo”.

Como de película

Otro músico que también “apareció” en el certamen indpendiente fue Sixto Rodriguez, astro olvidado de la música estadunidense.

Él era “el equivalente de Bob Dylan, de Velvet y de los Stone”, pero después de dos álbumes que pasaron inadvertidos Rodriguez colgó su guitarra, antes de renacer en Sudáfrica a fines de los años 90.

El extraordinario relato aparece en el documental Searching for Sugar Man, del realizador Malik Bendjelloul, quien en 2006, durante un viaje, escuchó hablar por primera vez de Rodriguez.

Cuando descubrió el destino de este cantante nacido en Detroit (Michigan) en 1942, el realizador europeo abrió grandes los ojos y exclamó: “¿es en serio? Esa es la historia más alocada que jamás he escuchado” y entonces decidió rodar la cinta que ayer se exhibió en competencia.

Nacido en una familia de inmigrantes mexicanos, Rodriguez fue descubierto por dos productores en un bar, donde se había hecho de una pequeña reputación.

Entonces grabó dos discos: Cold Fact (1970) y Coming from reality (1971), que fracasaron en el mercado.

Decepcionado, Rodriguez abandonó la música y comenzó a trabajar como obrero en la construcción, sin imaginar que una copia de su disco llegó por casualidad a Sudáfrica, donde su música con acentos libertarios se transformó en un himno de la juventud blanca progresista exasperada por el apartheid.

En 1998 dos de sus seguidores, intentando dilucidar el misterio de su supuesta muerte, descubrieron con asombro que aún estaba vivo, y lo llevaron a
Sudáfrica, donde fue acogido como un héroe y realizó seis conciertos con auditorios completos.

Así de sorpresivo son los trabajos exhibidos en Sundance, que concluye el 29 de enero.





Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios