Eugenia Flores Soria | Saltillo, COah.- La figura delgada y nebulosa de Ramón María del Valle Inclán, su barba interminable y rebelde, su particular ceceo, su capa oscura, y una mirada penetrante que detrás de los esféricos anteojos consumía a cualquiera, hicieron que el escritor español se convirtiera en una caricatura de sí mismo. Fue él un personaje diestro que le dio vida y pensamiento a lo grotesco, el genio creador de un estilo en el que dominaba la ironía y la distorsión: el “esperpento”. El poeta y dramaturgo, de luminoso talento, eligió las sombras como vía de expresión. Como él mismo escribió “sombras en las sombras de un rincón oscuro como el dark más inglés”.

Un día como hoy, pero de 1936, Valle-Inclán dejó de existir, como si la muerte, tan requerida en sus obras, también consumara la vida del artista. Aún enfermo, el letrado insistía en sus ideas, en su mundo desfigurado y crítico: “Yo marcho solo con mis leones/ y la certeza de ser quien soy”.

Primeros años

Ramón José Simón Valle Peña nació en España en 1866. Los padres del niño eran de familias nobles venidas a menos y desde joven, el futuro escritor tuvo que enfrentar al mundo. Estudió por un tiempo Derecho, siguiendo los deseos de su padre. Al parecer, el muchacho no sentía inquietud por las carreras universitarias. Le gustaba salir a los cafés, conversar y visitar la biblioteca. Desde niño fue inmerso en los estudios del latín y griego. Posteriormente aprendió otros idiomas y realizó algunos trabajos como traductor.

La luz de Valle-Inclán (su nombre artístico) se notaba desde su etapa de estudiante. Era muy popular entre los jóvenes y se distinguía por la gracia de su charla y su habilidad artística. Después de varias participaciones en el periodismo (oficio que tampoco le apasionaba), el muchacho sintió inquietud por el teatro y las artes.

Visitas a México

El español visitó América en 1892. En México vivió cerca de un año y fue cuando sus inquietudes como escritor comenzaron a latir con mayor intensidad. En esta primera visita, Valle-Inclán realizó algunos trabajos para periódicos y revistas (a pesar de la censura del entonces presidente Porfirio Díaz) e inició la redacción de sus primeros escritos. Años después, contactado por Alfonso Reyes, el escritor regresó a México tras ser invitado por Álvaro Obregón para los festejos del Centenario de la Independencia de México en 1921.

El poeta sustancioso

Valle-Inclán sentía una profunda atracción por las artes escénicas. Sus obras de teatro aún sorprenden a los críticos por la innegable creatividad del escritor. Pero su amor al escenario no fue solamente desde la trinchera como dramaturgo. Desde joven, el español deseaba ser actor. Pero un día en 1899, mientras estaba discutiendo con Manuel Bueno, el poeta recibió una fuerte herida en el brazo que luego se le gangrenó y tuvo que ser amputado. Así el oscuro intelectual cargaría con la misma condición de Cervantes. Su ilusión como actor se apagó, pero no su gusto por la literatura.

La bohemia, las tardes con aroma de café, y las riñas literarias eran una característica en el escritor. El éxito económico llegó años después pero no duró mucho. En 1907 el artista se casó con la joven actriz Josefina Blanco, con quien procreó seis hijos.

‘Esperpento’ y obra

Tras varios años de trayectoria como escritor, Valle-Inclán comienza a utilizar la palabra “esperpento” para calificar su obra. El dramaturgo fue gran amigo de Rubén Darío y conoció a otras grandes mentes de la época. Pero el tiempo y sus intenciones artísticas formaron su propio y avasallante estilo literario. El esperpento trata de recrear una atmósfera brumosa, oscura, irónica, casi como una pesadilla. La sorprendente habilidad que Valle-Inclán poseía para utilizar las palabras, hace del esperpento una corriente bastante exitosa. Entre sus obras destacan: “Luces de Bohemia”, “Divinas Palabras”, “Femeninas”, “La Pipa de Kif”, “La Lámpara Maravillosa”, entre otras.