MARGIL CASTILLO | Saltillo, Coah.- Casacas verdes, uniformes deportivos y hasta uno que otro despistado con la playera de la Selección formaron parte de los cientos de espectadores que disfrutaron el día de ayer el segundo triunfo al hilo de los Saraperitos en la Serie Nacional de Ligas Pequeñas.

Desde la primera entrada la porra del equipo de Córdova fue acallada por el marcador y por las mamás de los jugadores del otro lado de la grada.

En la tercera entrada una bola de foul a las gradas detrás del bateador: a contener el aliento. Luego una bola buena por el jardín izquierdo que el ampáyer de home marca como foul: los insultos del respetable. Aún con la ventaja, los espectadores reclamaban como si la vida les fuese en ello.

Trompetas, matracas y hasta un par de voces amplificadas por un megáfono llenaban el ambiente cada vez que los locales se encontraban en su turno al bate. Los vendedores caminaban de un lado a otro con las tradicionales semillas, refrescos, papas y hasta pizzas (nada de cerveza).

Jorge Torres Dávila, presidente del club, observaba desde un palco a su hijo en la segunda base y en las gradas se escuchaban canciones de júbilo a cada strike. Rodolfo Ruiz Cabello, organizador, andaba de un lado para otro sin descanso. Óscar Soberón Nakasima, coach del equipo, no dejaba de moverse y de gritar desde su lugar al lado de primera. Guadalupe Chávez, mánager y ex jugador de Saraperos, desde la tercera siempre daba indicaciones a los bateadores y se comunicaba con su hijo Santiago, el catcher, quien también utiliza su emblemático número 15.

Al final pasó la fiesta y el juego terminó en la quinta entrada por KO. Los aficionados invadieron el campo y, felicitando a los jugadores y al coach, celebraron con los chavos un comienzo de ensueño.
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