México.- Mujeres consideradas conspiradoras debido a su participación en la lucha armada por la Independencia de México, entre ellas: seductoras, guerrilleras, esposas de líderes del movimiento e incluso, quienes sirvieron de correo, son recordadas en vísperas del Bicentenario.

Historiadores, investigadores y narradores reconocen la importancia de su desempeño en este proceso político y social que se resolvió por la vía de las armas.

“La participación de las mujeres de todas las clases sociales en el movimiento armado fue extraordinario”, afirmó en entrevista la historiadora de arte Leonor Cortina, quien añadió que además de Leona Vicario, Josefa Ortiz de Domínguez, Gertrudis Bocanegra y Mariana Rodríguez del Toro, hay más féminas que fueron esenciales en esta etapa de la historia.

Indicó que si la mujer no es reconocida por haber tomado las armas no es por discriminación, sino porque fue tanta la participación en la Independencia que hoy, en la actualidad, los estudiosos siguen encontrando nombres, hechos y lugares que no estaban documentados.

La historiadora señaló que existe una tendencia en la historiografía en relación a buscar nuevos datos, a través de la intromisión en la vida cotidiana de los personajes.

Recordó que durante la Independencia de México existió y está documentado en el Archivo General de la Nación, la existencia de las llamadas “seductoras”, es decir, mujeres de todas las clases sociales, algunas muy bellas, que se dedicaban a convencer a militares de la tropa opositora a integrarse a las filas del ejército insurgente.

Tal es el caso de Carmen Camacho y Tomasa Esteves, esta última una mujer muy bella a quien decapitaron, para luego exponer su cabeza en la plaza de Salamanca con la siguiente leyenda: “Para escarmiento de su sexo”.

Aclaró que la función de la entonces seductora era convencer a los militares de convertirse en insurgentes, sin llegar a mantener con ellos una relación sexual.

Asimismo, está documentado el caso de la participación de las “11 mil vírgenes”. Se trataba de cinco hermanas, quienes sólo son reconocidas por sus sobrenombres y que también se dedicaban a la seducción.

Recordó que otro papel importante fue el de las mujeres que tomaron las armas, entre ellas: Manuela Medina “La capitana”, cuyo nombramiento se lo otorgó Ignacio López Rayón, a quien ayudó en la toma de Zitácuaro, y participó en siete acciones más de guerra. Ella murió en combate.

Destacan también “La Barragana” y “La Gabina”, de quienes sólo se conoce el apodo, pero también eran líderes de grupos.

Por su parte, continuó la historiadora que prepara un libro sobre el tema que espera publicar en los próximos meses, Teodosea Rodríguez y Josefa Martínez actuaron como correo de los insurgentes.

La historiadora Leonor Cortina mencionó que durante la lucha hubo mujeres a las que se les clasifica como “las esposas y familiares de cabecillas de los insurgentes”, quienes llegaron a ser tomadas como rehenes para buscar su rendición.

Como ejemplo, dijo que en ese tiempo, el entonces militar realista Agustín de Iturbide emitió un edicto que especificaba que por cada hacienda que perteneciera a algún español y que fuera quemada por los insurgentes, se tomarían como rehenes a 10 familiares de estos últimos. Otra intención era terminar con la quema de inmuebles.

“Hubo casos en los que apresaban a las esposas, a las hijas, a las tías, a las sirvientas, a las primas y demás”, manifestó.

Agregó que autores como Anastasio Cerecero documentaron que había mujeres que simpatizara con el movimiento independentista y que, por tanto, solían animar a sus hijos y esposos a integrarse al mismo.

Uno de ellos fue Gertrudis Bocanegra, quien perdió a su esposo y su hijo en la lucha por la Independencia de México, antes de ser fusilada.