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Saltillo.- La imagen de una familia de osos escapando del fuego se quedó grabada en la mente de Patricio Betancourt, brigadista de incendios desde los 23 años. A sus 43, recuerda su participación en los incendios en Múzquiz y Ocampo, donde estuvo por semanas en la línea de fuego, el año pasado.
Atunes, carne, sopa y agua ingería Patricio junto con sus compañeros brigadistas mientras estaba en la sierra, a la que sólo arribaban temprano por la mañana a pesar de los intensos vientos que alimentaban las llamas que consumían flora y fauna coahuilense.
“Yo me encomendaba a Dios. Éste es un trabajo en el que uno no sabe si va a regresar y es jugarse la vida, pero lo hago porque quiero dejarle un legado a mis hijos de responsabilidad y de cuidado al medio ambiente; uno no se da cuenta de la importancia hasta que no lo ve de cerca”, dice Patricio.
Patricio lleva un tatuaje de un sombrero en la mano izquierda y tiene una excelente condición física, porque la requiere para desarrollar su trabajo. Recuerda cómo por accidente a uno de sus compañeros le cayó una descarga de agua de mil 500 litros, que le lesionó la rodilla. “Es difícil encontrarse en riesgo, pero siempre se sabe que se trabaja con la intención de salir adelante”.
Sus pupilas verdes llevan muchos recuerdos, sobre todo el panorama desolador que dejan las llamas, pero Patricio no se desanima.
IMÁGENES DE FUEGO
La exposición fotográfica En la línea de fuego… combatientes forestales, inaugurada la mañana de ayer en el Museo del Desierto por la Comisión Nacional Forestal, delegación Coahuila, refleja imágenes de los incendios tomadas por los propios brigadistas mientras apagaban fuego el año pasado en Múzquiz, Acuña y Ocampo.
Estará abierta al público y a recorridos escolares para concientizar sobre la prevención de incendios y cuidado del medio ambiente.
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