En esta ocasión, sólo integrantes de estas dos familias fueron los que acudieron al lugar donde perecieron los mineros, como cada año rezaron por el eterno descanso del alma de los caídos, colocaron las respectivas ofrendas en las 13 cruces instaladas en el lugar desde aquella fecha en enero de 2002.
Ofrendas florales y veladoras fueron colocadas en el interior de la pequeña capilla que se construyó en el lugar, ubicado entre los minerales de La Florida y Minas de Barroterán.
Viudas, hijos, padres y hermanos, estuvieron desde la mañana en el lugar, afirmando Juan Ángel Garza, que durante la semana se dedicaron a hacer limpieza y que lamentablemente a la fecha, ya muchos dejaron de venir al lugar del trágico accidente, aunque no quiere decir que hayan olvidado, sino que muchas de las veces la gente tiene cosas que hacer, pero “aquí continuaremos nosotros cada año, mientras tengamos vida para recordar a los nuestros”.
Como se recordará, Juan Ángel era el encargado y jefe del centro de trabajo hasta esa fatídica mañana, cuando él perdió a sus tres hijos que acababan de bajar para sustraer el preciado metal de las entrañas de la tierra, cuando sobrevino la inundación.
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