La música ha sido la mejor manifestación para esas emociones, y es a ella a la que dedicaron la vida Jorge Pedroza Iga y Teodoro Sánchez, y con música también se les recuerda ahora que descansan.
Tenor el primero, pianista y bajista el segundo, con carreras ascendentes y prometedoras, escucharon ayer sus últimos acordes, tras un accidente como arrebato de violines y cellos en el kilómetro 25 de la carretera a Torreón.
Los testimonios en torno a ellos son reveladores de la estima que se les tenía, de su valor como artistas. Pero más que lo dicho, la escena resultaba elocuente:
el desfile de compañeros, profesores e incluso conserjes del conservatorio de la UAdeC; el de colegas y amigos, tristes e incrédulos, a veces sonrientes al recordar algo; el de familiares con la mirada perdida en otro tiempo; el de curiosos que alguna vez fueron sacudidos por una melodía o un simple acorde ejecutado por ellos.
Sonidos y reacciones que parecían reconstruir un réquiem, la invocación de paz, descanso y homenaje a estos dos jóvenes que han puesto punto final a su propia sinfonía.
| Comparte ese artículo: |
|



