Monclova Coah.- Escenario de crueles batallas, testigo mudo de la Revolución, el edificio de la Iglesia Zapopan, que hoy conocen como La Ermita, resiente el paso de los años.

La edificación, que data del año 1700, soportó duros enfrentamientos que obligaron en más de una ocasión una rehabilitación completa de paredes y fachada, la última fue en 1921, de acuerdo a los datos proporcionados por el investigador Lucas Martínez, director del Archivo general del Estado de Coahuila.

A más de dos siglos de su edificación, las paredes cedieron a otra batalla, esta vez, contra fenómenos naturales que la dejaron seriamente dañada, obligando a la cancelación de misas por tiempo indefinido.

La construcción de la Iglesia Zapopan se remonta a una leyenda que nació en la época de la Colonia, alrededor del año 1700, recién llegados los españoles que vinieron a fundar
Monclova.

Las investigaciones de Lucas Martínez, director del Archivo del Estado, muestran que a principios del siglo XVIII, en una loma desolada entre la villa de españoles y el pueblo de indios, se levantó un santuario al que se le llamó “La Ermita”; porque de acuerdo a una leyenda, ahí se apareció la imagen de Nuestra Señora de Zapopan.

“Monclova era una pequeña aldea y sus pocos habitantes se dedicaban a la agricultura y a defenderse de los indios; los días se pasaban en el arreglo de las acequias con los que regaban los solares, además de recoger el trigo para llevarlo a los molinos del río y guardar su maíz para los tiempos de sequía”, explicó Martínez Sánchez.

Un día, una viejecita que recorría la loma que marcaba el límite entre la villa de los españoles y los pueblos de los indios en busca de yerbas, vio a lo lejos entre los mezquites y lechuguillas, una mulita suelta que traía en su lomo una carga como las que acostumbraban llevar los arrieros del camino real.

“La mujer se acercó y al ver que la mulita no era de alguien conocido, se asustó y corrió para dar la noticia al alcalde, quien fue a la loma que dividía sus tierras de las de los indios tlaxcaltecas, para verificar lo que ella decía”, añadió.

Se acercaron y vieron que la mula no era de ningún ranchero de los alrededores: “Entonces abrieron la caja para examinar el contenido todos quedaron asombrados al ver en el interior una pequeña imagen de la Virgen María, cuidadosamente envuelta en finas telas y blanco algodón”.

Asombrados, la llevaron a Santiago Apóstol, para que el párroco diera fe de aquel regalo aparecido misteriosamente en la capital de la provincia de Coahuila: “Doblaron las campanas y todo el pueblo acudió a la parroquia para saludar a la Santa Señora, luego se acordó que se quedara en el altar mayor para que pudieran pasar a venerarla”.

Así sucedió hasta el día siguiente, cuando el sacristán antes de iniciar la misa de cinco de la mañana, observó que la imagen ya no estaba en el altar y alarmado corrió a despertar
al señor cura para darle la noticia.

Todo fue desconcierto, afirma Martínez Sánchez: “Todos fueron en búsqueda de la divina señora y al cabo de un rato, la encontraron en la misma loma donde la habían hallado el día anterior”.

Volvieron a transportarla a la iglesia parroquial y los feligreses rezaron un novenario para que ya no desapareciera; pero al día siguiente, la pequeña imagen de la virgen no estaba en la parroquia.

“Nuevamente la hallaron en la loma, entonces, el padre de la iglesia determinó: “Es seguramente deseo de la virgen, madre del salvador, que en este mismo lugar se erija una ermita en su honor, donde pueda cuidar a los vecinos de Monclova y a los del pueblo de tlaxcaltecas en todas sus necesidades y librarlos de los ataques de los indios bárbaros”.
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