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México, DF.- ¿Quién es Vicente Fox Quesada? Es el hombre que nació hace 71 años; que estudió en la Universidad Iberoamericana y tardó 35 años en titularse en Administración de Empresas. Es el ex gerente de la Coca Cola que entró a la política inspirado en el ex candidato del Partido Acción Nacional (PAN) a la Presidencia, Manuel J. Clouthier, “Maquío”, y también porque estaba agobiado por sus problemas económicos.

Es el ex diputado federal panista que se burló de las orejas del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, y para imitarlas se puso unas boletas electorales a la altura de las suyas, que hacían alusión al fraude electoral con el que se supone ganó el priista la elección de 1988.

Fox es el que le gritaba a su compañero de partido Carlos Medina Plascencia cuando éste era alcalde de León, Guanajuato, y le manoteaba, según recuerda Ernesto Ruffo. Es el que en 1991 contendió a la Gubernatura de Guanajuato y exigió se le reconociera su triunfo y obtuvo en respuesta la imposición de un mandatario estatal interino, Medina Plascencia.

Es el que ganó, por fin, la elección por la Gubernatura en 1995 y de ahí, desde ese cargo público, construyó su candidatura a la Presidencia de la República. Es el que años después parecía irreconocible para algunos periodistas, que lo conocieron desde el fraude de Guanajuato, ranchero y barbón, y que no lo veían con tamaños ni preparación para contender por la Presidencia. Es el mismo que impuso su candidatura al PAN.

El que se refería a los priistas como “víboras prietas y tepocatas”, a las que prometía aplastaría con sus botas vaqueras y sacaría de Los Pinos. Es el mismo que prometió que de llegar a la Presidencia todos los mexicanos tendrían su changarro y su vochito, y que habría un crecimiento de 7% al año de la economía mexicana. Es el mismo que para descalificar al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Francisco Labastida Ochoa lo llamó “chaparrito, mariquita y mandilón”.

Fox es el que ganó la elección presidencial el 2 de julio de 2000 y sí, sacó al PRI de Los Pinos. Es el que triunfó apoyado en una estructura financiera, Amigos de Fox, de dudosos métodos legales para reunir recursos. Es el mismo que el día de su toma de posesión acudió antes de recibir la banda presidencial a la Basílica de Guadalupe a dar gracias, y luego antes de tomar protesta como presidente besó un crucifijo sin pudor alguno, aunque se fuera a convertir en el jefe de un Estado laico.

Es el mismo que se casó en 2011 con su ex coordinadora de agenda durante su campaña presidencial, Marta Sahagún, y que en octubre de ese año visitó al papa Juan Pablo II mientras ella esperaba en otro salón por disposición papal, ya que Sahagún era una mujer divorciada.

Es el mismo sobre quien se rumoraba tenía episodios depresivos y para combatirlos tomaba Prozac. Es también quien le abrió la puerta de Los Pinos a la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, hoy presa por lavado de dinero, a cambio de que ella como coordinadora de los diputados federales priístas le ayudara a cabildear su reforma fiscal que acabó en el bote de la basura, y cuyo liderazgo entonces iba en declive pero a quien el guanajuatense dio oxígeno.

Es la misma persona en cuya administración escapó de la cárcel el mayor narcotraficante mexicano de todos los tiempos, Joaquín “El Chapo” Guzmán, y quien desde entonces no ha sido reapresado.

Es el mismo que durante el proceso electoral del año pasado le dio la espalda a su partido y pidió votar por el candidato a la Presidencia del PRI, Enrique Peña Nieto. Es el mismo que como empresario que vendía brócoli congelado, ahora busca legalizar la mariguana.

Es el presidente que provoca las burlas por ello y porque cree, de verdad, que ha sido el mejor presidente de la historia, mejor que Benito Juárez.

GROSERO Y OCURRENTE

Durante su campaña a la Presidencia, era común ver a Vicente Fox sonriendo a todos los que saludaba en sus mítines, tomándose fotos con niños, a los que solía cargar, y con quienes lucía radiante y a quien ellos abrazaban como si conocieran de toda la vida.

Pero apenas terminaba sus eventos, se subía a su camioneta y despotricaba contra quien le hacía su agenda, que en muchas ocasiones era su ahora esposa Marta Sahagún.

Fox explotaba y a gritos soltaba sus “¿quién chingados me agendó este evento con esta gente?”, sobre todo cuando los eventos reunían a pocas personas o los líderes que lo recibían tenían poca relevancia.

Se transformaba. Costaba trabajo creer que la persona sonriente, carismática, cercana que era el candidato, como persona maltratara a Marta, dijera que eran eventos sin importancia, pero sobre todo que parecieran no importarle.

Lino Korrodi cuenta cómo maltrataba a Marta en la campaña, y cómo cuando se casó su hija en el salón de fiestas Casino de Chihuahua, agendaron un evento en el estado norteño, para aprovechar la estancia y acudir a la boda.

Siendo amigos desde la juventud, Korrodi lo invitó y de paso hizo lo mismo con Marta. Cuando llegaron al salón, luego de un acto de campaña, al subir las escaleras Fox se percató de que su vocera también iba (había llegado en otra camioneta) y le preguntó “¿Tú qué haces aquí?”

Korrodi se adelantó al momento incómodo que la grosería del guanajuatense significaba para Marta, y le explicó: “Yo la invité”.

Fox dijo entonces, aliviado: “ah bueno, entonces tú la atiendes”.

Ése era Fox.

EL REBELDE

Darío Mendoza recuerda el último día en Los Pinos, el 30 de noviembre de 2006. Había acompañado a Fox desde que era gobernador de Guanajuato, como su redactor de discursos, y en la Presidencia en el área de análisis, luego de que en marzo de 2001, a cuatro meses de llegar a la convertirse en presidente, decidió mandarlo a otra área y ya no usarlo para los discursos, a pesar de los años que habían trabajado juntos. Era uno de los rasgos de Fox, olvidar a quienes se la habían jugado por él. Mendoza siguió en Los Pinos, pero ya no tan cerca.

En la comida de despedida, la última del sexenio foxista, en su turno para hablar Mendoza les pidió a Fox y a Marta Sahagún que en cuanto dejaran la Presidencia se quedaran callados y entonces pasarían a la historia.

La reacción de la entonces pareja presidencial y de los demás comensales fueron unas sonrisas falsas y unos tibios aplausos, más de compromiso.

“Obviamente no lo hicieron”, observa.

Darío Mendoza trabajó con Carlos Medina Plascencia como redactor de discursos, con quien el contenido de los mensajes era cuadrado, más plano, más de acuerdo con el perfil de ingeniero.

Cuando Fox llegó a la Gubernatura de Guanajuato tuvo la oportunidad de comenzar a hacer discursos con frases más coloquiales, más del estilo ranchero del guanajuatense.

Mendoza lo acompañó durante los cuatro años que estuvo en la Gubernatura, y posteriormente durante la campaña.

Cuando Fox ganó la elección presidencial, lo hizo acompañado de un hombre que vivía prácticamente pegado al candidato, Felipe Zavala, su secretario particular que lo acompañaba desde Guanajuato.

Pero cuando Fox ganó la elección y llegó a la Presidencia, se deshizo de él y Zavala quedó fuera del proyecto.

Un rasgo muy típico de Fox, deshacerse de las personas cuando ya no le sirven. Por eso es un solitario, afirma Mendoza.

Mendoza señala que por eso Fox está solo: él hace las puntadas, el responde a las críticas, él defiende sus ideas.

Incluso, no duda que sus ocurrencias, como la de declarar que fue mejor presidente que Benito Juárez, la planeó sin comentársela a su esposa.

Mendoza destaca otro rasgo de Fox que considera además de muy mexicano: no se hace cargo de sus responsabilidades.

El ex integrante del área de Análisis no duda en que detrás del empoderamiento de la esposa de Fox, Marta Sahagún, estaba la intención del entonces presidente de usarla para que a ella le echaran la culpa de las decisiones presidenciales.

Cree que de hecho él le pedía a Marta que no se podían hacer ciertas cosas, y cuando los colaboradores se quejaban de lo que Marta les había dicho, él le echaba la culpa a ella, cuando lo más probable es que la decisión la hubiera tomado él, pero era incapaz de dar la cara.

Fox era feliz siendo candidato, soltando sus ocurrencias, pero no tomando decisiones. Por eso cuando pasó el proceso electoral de 2006 se sintió más libre y le dijo a una televisora estadounidense que ya podía hacer lo que quería.

“Ya hoy hablo libre; ya hablo cualquier tontería, ya no importa ya. Total, ya me voy”. Dijo. Así era Fox.

EL INGRATO

“Fox no ha sido generoso con sus amigos al acceder al poder si consideramos que en parte es, gracias a ellos, que está donde está.

“La concepción de Fox sobre la amistad consiste en buscar su beneficio sin atender a la subsiguiente correspondencia”, escribió Lino Korrodi en su libro “Me la Jugué”.

El libro expone su versión sobre lo que fue Amigos de Fox y busca demostrar que la estructura financiera que apoyó la candidatura presidencial de Fox en 2000 era legal, y en todo caso tanto él como la dirigencia del PAN estaban enterados de su funcionamiento.

Pero Fox dejó morir solo a su amigo, como se dice coloquialmente.

“Fox permitió y no tengo duda que él empujó muchas de las cosas para la persecución que iban en contra mía y de mi familia y algunos Amigos de fox, porque incluso ha tenido la brutalidad él de hablar mal de mí”, dice Korrodi.

A 10 años de la publicación del libro, Korrodi reconoce que los defectos que enlista los tuvo enfrente mucho tiempo, ya que él y Fox fueron amigos desde jóvenes, pero ahora se han profundizado. Percibe que Fox antes tenía más valores.

EL HISTRIÓNICO

Darío Mendoza no recuerda a Fox tomar antidepresivos, pero no descarta que luego de su operación por la caída de un caballo, ocurrida en 2001, comenzara a tomar algo. Lo que sí reconoce es que es una persona histriónica.

Un histrionismo que le costó la posibilidad de volverse a casar por la Iglesia Católica.

Casado por lo civil en segundas nupcias con Marta Sahagún el 2 de julio de 2001, el ex presidente intentó casarse por lo religioso y para ello pidió la anulación al Vaticano de su boda religiosa con su primera esposa Lilian de La Concha, que le fue concedida en 2007, pero se le impidió volver a casarse por lo religioso. La Sacra Rota Romana, órgano encargado del asunto determinó que Fox presentaba “un grave trastorno de personalidad”, de acuerdo con información publicada por Reporte Índigo en 2007.

Irónicamente, Fox pedía la anulación alegando que quien padecía trastornos era su ex mujer.

La sentencia no impidió que en 2009 Fox escenificara su boda religiosa con Marta Sahagún. Contrajeron matrimonio el 9 de julio en el rancho San Cristóbal, en Guanajuato, propiedad del ex presidente.

Lo curioso es que de acuerdo con el Sistema Informativo de la Arquidiocésis de México, los matrimonios celebrados fuera de alguna parroquia carecen de validez.

Ése es Fox.