Tags: tarahumaras, colecta, alimentos
Saltillo.- Cientos de manos se unieron para salvar vidas en la Sierra Tarahumara, y hasta la plaza de las Ciudades Hermanas en Saltillo no sólo llegaron toneladas de alimento, sino también toneladas de solidaridad de niños y familias que se empeñaron en cambiar la realidad de los hermanos rarámuris.
Antes de las 10 de la mañana inició la colecta organizada por el Banco de Alimentos de Saltillo y difundida a través de los medios de comunicación de la ciudad.
Al inicio de la actividad, Martha Garay directora del Banco de Alimentos, recibió la visita de dos personas muy especiales, dos rarámuris, quienes desde hace un mes peregrinan por Saltillo vendiendo sus artesanías para llevar recursos a sus familias en la sierra.
Con un semblante serio, pero lleno de agradecimiento, Abraham y José fueron arropados por los saltillenses, y con esta motivación inició la lucha por la vida; brazos, hombros, espaldas que cargaban los bultos de generosidad, manos de voluntarios y voluntarias que pesaban y acomodaban el alimento que llegaba.
“Estuve viendo toda la semana los reportajes de la Sierra Tarahumara y sentimos mucha tristeza, por eso nos reunimos los vecinos de Lomas del Valle, para traer estas 11 despensas”, comentó Gloria Aguirre.
“El niño fue el que nos trajo, vio en la televisión y me dijo: ‘Papá, llévame a Chihuahua’, y le dije ‘no podemos ir hasta allá, pero vamos a llevar la comida a un lugar para que se lo lleven’”, relató David Martínez.
“A través de los medios de comunicación me informé de la situación que está pasando en Chihuahua; me da mucha tristeza, pero también muchas ganas de ayudar a la gente”, dijo Rosy Escalante.
“Lo que hay que agradecer es a la gente, no hay palabras para explicar que somos más los buenos; gente que nos trajo un atún, como el que trajo 20 kilos de arroz, las familias están viniendo. El mensaje de unidad, de familias, de medios, de asociaciones... yo me quedo con el mensaje de unidad que estamos dando los saltillenses, en medio de la adversidad, aquí están tocándose el corazón para nuestros hermanos tarahumaras”, explicó Antonio Moreno, conductor de TV Azteca, televisora que desde el miércoles también sirvió como centro de acopio.
“Nos ha respondido muy bien la gente. Por parte de los ‘twiteros’ se ha conseguido una tonelada de alimentos, hay la promesa de 20 toneladas de agua y aún falta contar las cobijas que también han llegado”, comentó Milton Martínez, reportero de Televisa, quien lanzó la convocatoria a través de las redes sociales.
Con la suma de esfuerzos se tenía ya la mitad de la meta a cumplir: 10 de las 20 toneladas que esta misma semana serán enviadas al Banco de Alimentos de Cuauhtémoc, Chihuahua, que ha sido rebasado por la alarmante solicitud de alimento que han tenido por parte de la población rarámuri, los cuales este año fueron castigados con la sequía de sus cosechas.
Durante todo el día el amor llegó enlatado o en granitos de arroz, pero también en cartas como la del más pequeño de la familia Osoria Flores: “Queridos tarahumaras les enviamos este paquete para demostrarles que sí nos importan, también por su crisis les damos todo esto para que sean más felices, ah y a los niños les voy a dar algunos juguetes”.
‘En la sierra comen puro pinole’
Hace 17 años don Abraham llegó a Saltillo, venía vestido con taparrabos en medio del crudo invierno y un niño lo acompañaba; era José, quien hoy se ha convertido en uno de los jefes de su familia, los rarámuris por quienes peregrina vendiendo canastas para llevar que comer a la tierra que hoy los castiga matándolos de hambre.
Rosa María González los encontró hace muchos ayeres en la Central de Autobuses, le ofreció a don Abraham un lugar donde quedarse y no fue sino hasta el segundo día que aceptó; desde entonces el hogar de esta mujer se ha convertido en su morada.
Entre llantas inservibles, tiliches, polvo y ratas conviven don Abraham, de 55 años; José, de 29; Gloria, esposa del joven rarámuri, y su pequeño niño Joel, de 7 años.
La obscuridad del cuarto de block se ilumina con un viejo televisor que ve con desgano el niño; quizá no saldrán trabajar porque el pequeño se siente mal, le duele la cabeza y tose de vez en cuando. Les urge regresar a su natal Nararichi, ejido del municipio Carichi, para llevar ayuda a su familia.
Ninguno de los dos hombres viste con taparrabos ya, se cubren con la ropa que han logrado comprar o que les regalan, pero sus rasgos los delatan: una piel curtida por el sol, el frío y la tierra de la Sierra Tarahumara, y unos guaraches hechos a mano que dejan ver la fortaleza y la humildad de sus pies.
A José le duele que la gente abuse de ellos, como el día en que le dieron un billete falso de 500 pesos, llevándose la ganancia de todo un día.
“Allá me están esperando porque si junto poquito dinero compro comida allá en Chihuahua; sí es cierto que no hubo nada de cosecha y los que están allá tienen hambre porque no hay comida, así están allá casi siempre, nada más comen puro pinole”, comenta José desilusionado.
Dice que él no sabía de “comidas ricas”, pero la gente a veces le da de comer a él y su esposa cuando andan en la calle.
En la mirada de estos hombres de piel morena no hay malicia, tampoco en la de Gloria, quien no habla ni media palabra en español y se empeña en terminar la que será su tercer falda, pues sólo tiene dos, una amarilla y otra ya muy desteñida. Desde hace un mes zurce a mano 20 metros de tela que lucirá hermosa en las altas montañas de la sierra Tarahumara.
En tres semanas la familia de rarámuris partirá hacia Chihuahua, de donde salen cada seis meses para venir de nuevo a Saltillo, y en estos momentos su único objetivo es tratar de reunir dinero para los pasajes, poco más de 3 mil pesos, por eso se atreven a pedir “corima” español significa “ayuda”.
»Esta familia vende canastas de palmilla hechas por Chabela, la madre de José, pero sufren el acoso de los policías.
»Usted puede ayudarlos: acuda a prolongación Antonio Cárdenas número 1038, en la colonia Lourdes, o llame al teléfono 417-4071.
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