Era el Ballet de San Petersburgo en escena interpretando magistralmente “El Lago de los Cisnes” y dando a cuenta en cada giro y en cada salto del talento que lo distingue.
La combinación perfecta de música, danza, escenografía y vestuario convirtieron la fría noche del viernes en una velada inolvidable llena de amor y magia.
Durante los cuatro actos los bailarines dieron cuenta de su disciplina, capacidad y talento. Pero hubo una bailarina que brilló durante todo el espectáculo ejecutando de manera sublime cada uno de sus movimientos, lo que le mereció una gran ovación del público.
El espectáculo transmitió, en cada minuto, todo tipo de emociones, desde amor o maldad hasta tristeza, inquietud y felicidad.
Con una exquisita belleza se fueron deslizando por el escenario la tarea de conseguir esposa, las apariciones del arlequín, la maldad Rothbart, el baile del cisne que hechizó con su delicadeza y precisión y la lucha de la que sale triunfante el amor.
Con esta presentación el Ballet de San Petersburgo ofreció, sin duda, un evento de primer nivel, aún así el teatro no lució un lleno total. Más de dos horas después dio por terminada la función que el público —y no era para menos— ovacionó de pie.
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