El nacido en Nuevo Laredo, Tamaulipas, fue el mánager de la novena verde de aquella escuadra del 71, sobre la que cayó el estigma.
Aquel final de temporada contra Charros de Jalisco en 1971 aún sigue vigente en su memoria y el peso es considerable al cargar con el origen de este rasgo. Sin embargo, aunque no quiso señalar a nadie, comentó: “En ese año que perdimos los cuatro, yo no considero que los peloteros sean culpables. Simplemente no ganamos y el beisbol nos castigó. ¿A quién se le ocurre programar doble juego? Son movimientos de oficina”.
“No estoy buscando excusas, yo soy tan culpable, pero cómo es posible, digo yo —porque pensábamos que íbamos en caballo de hacienda y el beisbol te castiga—… Ganamos tres juegos consecutivos y se le ocurre a la directiva programar un doble juego. Jalisco ya estaba más en la lona que vivo; su pitcheo estaba más malo que bueno (para nueve entradas)… ¿Qué pasó? Nosotros inyectamos al contrario de vida”, enfatizó.
Aceptó que significa un gran peso no sólo ser el fundador del equipo, sino también el de su más conocido estigma: “Se siente uno mal, pero uno es nada más un trabajador. Yo nada más llego hasta el terreno, ya a la oficina allá arriba, los dueños. Si ellos dicen: ‘Vas a jugar doble juego’, pues vas a tener que jugar”.
Pero, a su vez, la sensación es grata cuando tras 40 años, Saraperos de Saltillo se ha mantenido en el circuito veraniego de beisbol y en el gusto de la afición.
Herrera admitió que es indescriptible ver la huella de este equipo.
“Yo viajo por toda América Latina y de repente volteo y veo que traen una camiseta de Saraperos, en los ranchos, allá en Venezuela, por allá, y me da mucho gusto; créemelo que te da mucho gusto: ¿quién se la compró, quién se la mandó? Y mucha gente me pregunta por qué son Saraperos.
“En Santo Domingo, adonde voy constantemente, allá me dicen Sarapero, en vez de decirme Tomás o Filadelfia. Eso no tiene precio y es algo que uno no puede explicar. Hay que estar allá adentro para sentir esa cosa”, describió.
CRUEL IRONÍA
No obstante, al pasar el trago amargo, ahora Tomás Herrera revela situaciones que en su momento no podía hacer, curiosas, chuscas, aplicables al dicho: “Nadie sabe para quién trabaja”, pues tras ayudar a unos Charros que estuvieron tras las rejas, por cosas del destino éstos le pagaron con la peor moneda.
“Esa vez todos los peloteros de Jalisco, en el primer juego que les ganamos aquí (3-0 en la serie), yo tuve que sacar varios peloteros de la cárcel —esto te lo digo porque ya pasó—. Tuve que ir, me llamaron, ¿por qué? Me dijeron: ‘Ya perdimos tres, ya no vamos a ser campeones’, y pues agarraron la farra, hubo un problema, se pelearon no sé en qué lugar; pues ahí voy a sacar a los Charros de la cárcel y me ganaron”, relató.
Haciendo énfasis en el cuarto juego de doble cartelera, luego que el día anterior había llovido, Herrrera destacó: “Todo estuvo a favor de ellos (Charros). No le querían tirar a la pelota y llegaba de hit. No cometimos muchos errores. Es más, se estaban hasta riendo, el contrario, porque no había presión para ellos. Por eso en estos juegos separas tú a los chamacos de los peloteros que ya son profesionales, a los que no les tiemblan las rodillas en estos momentos, porque aquí no hay mañana”.
PRIMER MÁNAGER
“Se siente bien bonito”, fueron sus únicas palabras para celebrar su lugar en la historia del Sarape como su primer mandamás en el dogout y afirmó que no cualquiera puede destacar como pelotero, por ello confirmó de dónde nacen los mánager exitosos:
“El pelotero que en su carrera ha sido más o menos mediocre, esos son los que triunfan, porque se preocupan; dicen: ‘No, no soy bueno, tengo que hacer otra cosa’ y comienzan a buscar de qué manera aprender más, se preocupan y esos son los mánagers que sobresalen”.
Incluso refirió que el mánager se destaca por su inteligencia para el juego, porque “el beisbol es tan grande que tienes que tener facultades y una buena cabeza, porque también es de inteligencia el beisbol… Hay gente que lo hace a base de facultades y se le olvida pensar, porque todo lo hace bien.
“Espino, que en paz descanse, fue tremendo bateador y nunca pudo ser mánager.
Ted Williams, el único pelotero en el mundo que trae todavía el récord con .400 (porcentaje de bateo) en Ligas Mayores, quiso ser mánager y no pudo…”, refirió.
Agregó que para “ser un mánager no se requiere conocer tantas reglas… Para ser bueno tienes que ser buen líder, los peloteros tienen que creer en ti y sacarle el mayor provecho al pelotero con mucha psicología. Los humanos somos demasiado difíciles… Es una cantidad de seres humanos que para meterlos en el mismo camino es bastante difícil”.
SU ARRIBO AL SARAPE
Asimismo, Herrera decidió probar nuevos aires, más al norte, invitado por la directiva de Jorge Torres y Gustavo Lara. “Cuando ya hicieron la franquicia de los Saraperos yo hablé con la directiva del México que a mí me gustaría venirme a Saltillo. (Era) una franquicia nueva, con peloteros nuevos y novatos… No es fácil hacer una franquicia y a través del tiempo se fue formando y hasta la fecha Saltillo es una potencia del beisbol”.
Incluso recordó al primer jugador franquicia de Saltillo, obtenido en el draft de peloteros. “Ya habíamos scouteado. Guadalupe Chávez fue el primer pelotero que nosotros ‘drafteamos’; él era de Monterrey y yo siempre pensé que ya estaba listo para la Liga Mexicana y ahí está la comprobación de que por su primer año fue con los Saraperos y se retiró en los Saraperos”, resaltó.
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