Saltillo.- “África es un continente totalmente diferente (o al menos para mí) de lo que está uno acostumbrado a ver, a experimentar, a comer. Esto ha sido desde cruzar la frontera más corrupta de África hasta caminar 100 kilómetros por el desierto y dormir con los nómadas”, señaló Iván Fuentes Garrido sobre el tour en motocicleta que realiza solo por ese continente.

Como se recordará, el 8 de mayo de 2010, acompañado de Héctor Galindo Alvarado partieron de Saltillo para recorrer el mundo en motocicleta; en estos meses son ya varios los países que han visitado en diferentes continentes, asimismo fue en uno de ellos donde Galindo Alvarado optó por dejar el recorrido en motocicleta, por lo que Fuentes Garrido sigue por su propia cuenta.

De este tour por África, recuerda cuando tomó el ferry de Algeciras a Ceuta que “al llegar a la frontera estaba aturdido por toda la gente que quiere hacerte los trámites de aduana para cobrar unos dírhams. Si no tienes idea de cómo funciona (como yo no la tenía), terminas pagando por una hoja que después te regalan ya en la garita. El shock cultural es muy fuerte, el estar por primera vez en un país completamente musulmán, y eso que sólo estaba entrando a Marruecos lo más ‘light’ en África”, cuenta.

Marruecos lo define como un país muy turístico, donde la gente presiona para vender lo que sea, “hasta sus mujeres”; sin embargo, en ese país lo bueno fue la parte del desierto, que le permitió hacer su primer tramo de 300 kilómetros en la arena y montaña, entre Merzouga y Tagounite (que de hecho fue parte del rally Paris-Dakar) y le tocó también experimentar una tormenta de arena. “Es algo bestial cómo sopla el aire, cómo la arena oscurece el día y hace desaparecer las huellas que marcan la ruta”.

En lo referente a la comida, como todo país musulmán, el cerdo está prohibido y para comer se utilizan las manos; asimismo prácticamente todas las ciudades cuentan con una medina (es la antigua ciudad amurallada), las que están llenas de gente, tiendas, ruido, mendigos y pasillos tan pequeños que a veces hay que esperar a que crucen los burros y cabras o simplemente no se pude pasar por ellos al estar repletos de excremento, basura o lodo.

De ahí bajó al Sahara Occidental, un lugar inmenso, pero sin gente; su población es mínima y aunque recorre todo, el camino del Atlántico no tiene nombre, todo corre por acantilados que dan al mar; ahí fue donde conoció a un grupo de pescadores a quienes les platicó sobre su viaje y en la arena les dibujó un mapa de todo el mundo para explicarles dónde está México.

Mientras que en su paso por Mauritania “si ya de por sí en Marruecos había sentido un shock cultural que, por decirlo, me deprimió algunos días, Mauritania casi me manda de regreso a México. Ahora me da risa, pero así es África, mientras más avanzas más te impresionas, aunque también adquieres más experiencia”.

Al dejar la aduana de Marruecos, entró por una franja libre de tres kilómetros de pura arena y muchos caminos, pero también atascado de minas (terrestres), donde se debe tener buena orientación para cruzar a una garita llena de militares. También aquí, al igual en la otra frontera, la gente se ofrece a realizar los trámites, a vender seguros para la motocicleta y a ofrecer la moneda local (ouguiya) en el mercado negro y, como reconoce, “debo aceptarlo, terminé pagando 25 euros más de los que debería pagar en la aduana. A veces, cuando llegas a un país, es muy diferente llegar al aeropuerto de la capital y ser recibido por tu guía, que cruzar la frontera con un vehículo, ahí se conoce la burocracia de un país”.

ARENA Y MÁS ARENA

Sin embargo, una vez pasando esto fue hacía Nouakchott para de ahí dirigirse al desierto. Mauritania es un país sin turismo por los reportes de asesinatos por Al Qaeda, pero aun cuando estuvo acampando en lugares muy remotos, dice que nunca le pasó nada y la poca gente que se encontró siempre le ofreció té y estancia. Cruzó por Atar, luego por Chinguetti (donde tienen libros del Corán de más de 700 años), después Ouadane. De ahí cruzó hasta el Richat (un enorme cráter que se ve desde el espacio), así como por el paso infernal de Amogjar. En el albergue Sahara, en Noukchott, está como trofeo el parabrisas que perdió en ese paso. Son solamente 60 kilómetros, pero “el camino está abandonado hace mucho tiempo por todos los derrumbes y sólo lo cruzan camellos”; sin embargo, el desierto mauritano lo dejó listo para Senegal.

Aquí la recomendación de los viajeros es cruzar por Diama y no por Rosso, ya que esta última es conocida como la frontera más corrupta de todo el continente africano, pero el no encontrar la vuelta correcta lo llevó precisamente a ese lugar, que “se ha convertido en una de las experiencias más intensas del viaje. La villa es algo horrible, los locales destartalados y llenos de gente que sólo buscan ganar algo, las calles llenas de basura y animales que terminan en una reja”. Ahí “un cuate sin uniforme me ordenó sin más darle mi pasaporte, a lo cual me negué. Me insistió en que era policía, pero aun así no le di nada, me bajé de la moto y caminé a lo que parecía una garita, en esta última encontré a un tipo uniformado que me pidió dinero para hacer los trámites”, pero dice que ni con uno y otro cedió. Éstas y otras situaciones se enfrentó en la frontera, aunque Dakar también es insegura, ahí intentaron robarle la cartera, cobrarle unos trámites y casi lo atropellan.

“Cruzar Mali fue más fácil, las cosas ya se ven con otros ojos. Aquí es África, sus aldeas, chozas, caminos entre la vegetación, los caminos difíciles, pero muy deliciosos; aquí son las cascadas, el río, la gente negra, pero con vestidos de colores vivos, es la música con mucho ritmo, tambores… antara caambe (nos vemos)”, finaliza.

EN ÁFRICA

Iván Fuentes ya conoció:

» Marruecos

» Mauritania

» Senegal

» Mali

» Actualmente continúa el recorrido.
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