Saltillo, Coah.- Manuel E. Guajardo, en el libro Entre la Realidad y el Mito, de María Concepción Dávila Recio, relata que hace muchos años, probablemente recién fundado Monclova, en la región que se encuentra en las faldas del riquísimo Cerro del Mercado, estuvo en aquellos tiempos, con un destacamento de soldados, el capitán español Gaspar Castaño de Sosa.

El Bocatoche, después de dos kilómetros de manantiales, siguiendo el curso de las aguas, fundó una hacienda a la que llamó Santa Cecilia. Pasando los años, se le llamó Santa Cecilia de Castaños.

Mucho tiempo después, como las lluvias y los temporales eran muy frecuentes, hubo una terrible inundación; tan rápida fue la creciente de las aguas que los hombres sólo tuvieron tiempo de amarrar las carretas a los árboles con las coyundas de bueyes con que las uncían.

Ahí treparon a las mujeres y a los niños, mientras los varones fuertes lograban salvar a las familias y algunas de sus pertenencias.

Cuando las aguas bajaron, todo era ruina y desolación; nada quedó de su siembra, y la mayor parte de sus animales pereció arrollada por las aguas.

Cuentan los nativos de la región, que en los albores del siglo pasado eran frecuentes las incursiones de los indios salvajes, las cuales tenían atemorizados a los habitantes porque mataban y raptaban mujeres y niños.

Pues bien, entre los años 1830 a 1835, la madre del héroe don Ildefonso Fuentes y su esposo se dirigían a Monclova, para visitar la capilla de la Virgen de Zapopan para bautizar a su hijo Telésforo. Llevaban, además, a otro hijo llamado Avelino, de unos cinco años a lo más, y los acompañaban muchas personas para defenderse de los indios lipanes, audaces y terribles que tenían asoladas estas regiones.

No había caminado mucho cuando la familia Fuentes fue asaltada por una partida numerosa de lipanes que, no obstante la resistencia de los que la custodiaban, lograron llevarse al niño Avelino.

Muchos años esta afligida madre lloró la pérdida de su hijo, quien permaneció cautivo entre los indios más de 20 años. Ya hombre, Avelino quiso contraer matrimonio con una india, pero no lo permitió el jefe de la tribu, por ser cautivo blanco.

Avelino recordaba como un sueño su tierra nativa, a su madre y aquel frondoso árbol donde jugaba con sus compañeros de infancia. Su pensamiento estaba en Castaños con la mujer que le dio el ser.

Con la destreza para montar a caballo propia de los indios, logró apoderarse de uno muy bueno y se dirigió a su querido Castaños.

EMOTIVO REENCUENTRO

Cuántas serían las virtudes de este hombre que desde las lejanas tierras del norte de Texas logró llegar sano y salvo a su tierra nativa.

Sólo hablaba en español estas dos palabras: madre y Castaños, y las pronunciaba con voces mezcladas de su dialecto.

La señora Fuentes creía muerto a su hijo y cuando oyó que un indio buscaba a sus padres, se reunió con otras señoras que también habían perdido hijos a manos de los terribles indios.

Cuando estuvieron todas reunidas, llamaron al que creían indio y éste clavó su mirada en cada una de las señoras y cuando sus ojos vieron a la señora Fuentes, la abrazó llorando diciéndole “madre”, y la señora lo reconoció por un lunar que su hijo tenía en la mejilla.

Muchos años vivieron felices pues aquél que creían indio y que era Avelino Fuentes se casó con una agraciada joven llamada Victoriana de Hoyos, de cuyo enlace nacieron varios hijos, entre los que se recuerdan a María de Jesús, Juanita, Ildefonso y Andrés.

Y para terminar, se cuenta que era tal la agilidad, fuerza y destreza que adquirió Avelino durante los muchos años de cautiverio con los indios, que en una ocasión, ya siendo padre de familia, montado en un brioso corcel, como lo hacía en sus mocedades, logró abatir y deshacer a machetazos a un lobo hidrófobo.

Así, años más tarde, su hermano Ildefonso Fuentes “El Chinaco de Coahuila”, blandiendo su espada, en más de una ocasión hizo morder el polvo a los franceses, salvando así a su patria.

Hoy los descendientes de aquella familia Fuentes recuerdan con orgullo y veneración los nombres de Avelino, Telésforo e Ildefonso Fuentes.

Año con año, los ciudadanos de Castaños llevan ofrendas florales ante la tumba de su hijo predilecto y recuerdan con orgullo al que tantos años estuvo cautivo entre los indios bárbaros del norte.

Créalo o no…