Ayer en la noche la afición del conjunto local festejó en grande al salir del Parque Madero con una caravana de miles de gargantas gritando al unísono: Saraperos es campeón, con destino a la Alameda Zaragoza.
En el tránsito constante de la calle Victoria transcurrió un desfile armónico de claxon, tambores, cánticos y sonrisas vastas para difundir por el escenario de triunfos en Saltillo una hazaña que rompe maldiciones, mitos y récords pesimistas.
Los edificios de la Escuela Normal de Coahuila, la Secundaria Federico Berrueto y la Preparatoria Narváez fueron mudos testigos del continuo relajo que se vivió alrededor de la Alameda y cerca del lugar donde antes se situara otro recinto del beisbol en la capital coahuilense, el Estadio Saltillo.
La porra verde alzó pancartas, ató sarapes a sus coches, tronó cornetas y ondeó banderas hasta el cansancio; incluso algunos conductores rayaron sus coches con anuncios “desechables” que les sirvieron para llevar de primera mano la noticia del día.
Por la vía de acceso a la Alameda, antes, al igual que ellos, otras porras, otros aficionados, llegaron a la plaza central y muchos corazones se juntaron para evocar una misma fantasía tras cada triunfo de la novena verde en playoffs, para desengañarse después, así durante 40 años.
Sin embargo, anoche el monstruo verde, el “Dragón del Norte”, Saraperos de Saltillo, dejó escapar miles de voces del Parque Madero, cuyo estruendo hizo sentir a toda la ciudad que el Sarape había conseguido al fin el máximo galardón del beisbol.
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