San Antonio.- Methodist Healthcare El hígado es un órgano vital localizado en la parte superior del abdomen del lado derecho. Realiza alrededor de mil 500 funciones, entre las que se encuentran transformar los nutrientes que se absorben del intestino para que puedan ser aprovechados, administrar las fuentes de energía del organismo, desintoxicar al cuerpo de sustancias nocivas como la bilirrubina y el amoníaco, almacenar vitaminas y minerales, procesar el alcohol que se ingiere y los medicamentos, regular la coagulación, producir enzimas y proteínas para el transporte de sustancias a todo el cuerpo, y producir la bilis necesaria para el proceso de digestión de los alimentos.

Los expertos que han estudiado el tema consideran algunos síntomas de que el hígado no está en buenas condiciones a los siguientes: malas digestiones, hinchazón abdominal, náuseas (especialmente después de comidas grasas), aumento de volumen alrededor del abdomen y estreñimiento; condiciones alérgicas como fiebre, urticaria, erupciones cutáneas y asma; dolores de cabeza, tensión alta y/o retención de líquidos; hipoglucemia o nivel de azúcar en la sangre inestable, incapacidad para tolerar comidas grasas, enfermedades y piedras en la vesícula biliar, fatiga y síndrome de fatiga crónica, excesiva temperatura corporal y baja tolerancia al alcohol y algunos
medicamentos.

Signos de cuidado

Pero las enfermedades del hígado pueden tener múltiples causas y al mismo tiempo, efectos variados sobre él. Entre la más comunes se encuentran los distintos tipos de hepatitis, la cirrosis, los defectos genéticos o hereditarios, los problemas obstructivos (cálculos o piedras en vías biliares y vesícula), las infecciosas, las tóxicas y los tumores.

Hepatitis viral

Es una infección por alguno de los diferentes virus de la hepatitis, que provoca la inflamación del hígado. Los virus involucrados en esta enfermedad son los tipos A, B, C, D y E, principalmente, aunque hay otros virus que también pueden afectar al hígado.

» La hepatitis tipo A se transmite por agua y alimentos contaminados, generalmente en un curso corto y se resuelve sin dejar secuelas, Los síntomas habituales son cansancio, náusea, vómito, ictericia (coloración amarilla de piel y ojos), fiebre leve a moderada; es más común en niños y en ellos puede ocurrir sin los síntomas típicos de la enfermedad.

» La hepatitis tipo B se transmite por transfusión sanguínea, relaciones sexuales, y de madre a hijo en un embarazo. Los síntomas pueden ser leves, similares a los de un catarro, o agudos, con ictericia importante y mal estado general. La recuperación puede ser total, pero en algunos casos puede producirse una infección crónica con daño continuo para el hígado.

» La hepatitis C es una enfermedad que se transmite por contacto con sangre infectada, ya sea por transfusión o por compartir objetos como agujas, rastrillos o instrumentos como los que se utilizan para tatuajes y “piercings”. Con mucha frecuencia, esta enfermedad tiene una fase aguda y después permanece como hepatitis crónica, produciendo a largo plazo cirrosis y en ocasiones cáncer de hígado.

» La hepatitis D sólo se produce si hay una infección previa por hepatitis B.

» La hepatitis E es epidémica en Asia y África y es rara en América. puede ser fulminante en pacientes embarazadas.

Cirrosis

» Cualquier proceso inflamatorio prolongado en el hígado puede producir cirrosis. Cuando el hígado se inflama, las células mueren poco a poco, y son sustituidas por tejido fibroso, como una cicatriz, afectando al paso del tiempo, la capacidad funcional del hígado de manera irreversible. La cirrosis puede presentarse como consecuencia de hepatitis viral crónica, es decir de más de 6 meses de duración, de ingesta habitual de alcohol etílico o en pacientes con hígado graso, es decir, pacientes con exceso de peso o diabéticos. Al principio la cirrosis no provoca síntomas o éstos son muy vagos, como cansancio y debilidad, pero a medida que progresa, puede producir ascitis, que es líquido en cantidad variable dentro de la cavidad abdominal, sangrado de tubo digestivo, problemas de coagulación y alteraciones del estado de conciencia, en etapas avanzadas. El tratamiento de la cirrosis hepática va enfocado a eliminar el agente agresor, para tratar de frenar el daño al tejido hepático, si esto no es posible, el transplante de hígado puede ser la solución.

Cáncer

» Los tumores hepáticos con gran frecuencia son metástasis a distancia de cánceres que se han originado en otro órgano. Cuando el cáncer efectivamente tiene su origen en el hígado, 3 de cada 4 casos corresponden a hepatocarcinomas, la minoría a tumores originados en los conductos biliares del hígado (colangiocarciomas).

» Los pacientes con hepatitis crónica o cirrosis eventualmente desarrollan tumores de hígado, por lo que en ellos es importante la vigilancia por medio de estudios de laboratorio, solicitando periódicamente niveles de alfa-feto proteína, que es un marcador de cáncer hepático auxiliar en la detección de éste, y con estudios de ultrasonido, para detectar la aparición de tumores. Los tumores hepáticos responden poco a la quimioterapia tradicional, pero existen otras formas de manejo dependiendo del tamaño del tumor y la reserva en la función hepática del paciente. Entre otras opciones están la cirugía, la embolización o quimioembolización, que consiste en la inyección de medicamentos al interior del tumor para cortar el aporte sanguíneo y provocar la “asfixia” del tumor, o la terapia antiangiogénica, es decir, el tratamiento con medicamentos que evitan la formación de vasos sanguíneos para la nutrición del tumor.

Problemas obstructivos

» Éstos se producen cuando por alguna razón la bilis no puede seguir su vía habitual. Pueden ser ocasionados por la formación de cálculos en las vías biliares, que es lo más común, o pueden tener otra causa, como podría ser un tumor que cause compresión de estas vías.

» En conclusión, el hígado es un órgano vital para nuestro organismo que puede padecer diversas enfermedades o consecuencias de ellas y resultar en un daño permanente que requiera de su transplante.
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