Saltillo, Coah.- ¡Vamos Saraperos, vamos por la victoria!” Comenzó la acción en el Estadio Madero.

Nada se compara con el ambiente que invade al estadio; no es necesario saber del deporte para unirte a la afición saltillense apoyando al equipo de casa, los Saraperos.

Hasta la piel se siente chinita al escuchar y sentir todo lo que hacen los seguidores para apoyar al equipo.

Se prepara la acción, entre bolas, strikes y outs; quien no conoce de beis se perderá desde el primer momento de lo que es el juego; pero no del ambiente familiar que reúne a miles de coahuilenses.

Todo un ritual en el campo, una decena de personas comenzó a preparar el lugar, pintando áreas de juego, colocando las tres bases que parecen cojines acolchonados.

Con largas palas, comenzaron a barrer parte del campo como si fueran campesinos preparando la tierra para sembrar. Los jugadores se presentaron uno a uno, a los rivales –Tigres de Quintana Roo– los abuchearon y a los Saraperos toda una ovación los recibió. Con todo y posición de juego, aprenderse cada una resulta difícil la primera vez.

Para llamar la atención de los caballeros, mujeres con poca ropa bailan en el campo entre fuegos pirotécnicos; para las mujeres basta ver a algunos de los jugadores con sus cuerpos atléticos, con esos pantalones tan ajustados que hasta parecen licras. Soy testigo del gran ejercicio que hacen: por equivocación, desconociendo el lugar, me metí a los vestidores y sin querer los vi en ropa inferior.

“Kike”, una botarga de conejo vestido de sarapero que corría por todo el campo tratando de animar a los seguidores, fue otro de los ovacionados.

Comenzó el juego y pareciera que sin semillas en mano no se disfruta igual, hasta para asistir al partido existen divisiones: desde gradas hasta palcos; todo depende de las posibilidades económicas.

Aunque todos apoyan al mismo equipo, en las gradas, que es lo más barato, el ambiente se vio mas prendido; aunque peligroso por lo débil de las estructuras. Mientras que la comodidad de las butacas era diferente, ya que todo tipo de comida te llevan.

Entre jugadores, animadores y réferis, todo el campo se plagó de gente.

Una pantalla enorme sirve para proyectar gente, mujeres bonitas, personas haciendo graciosadas, auténticos personajes feos para que los demás se mofen de ellos.

Debajo está el marcador, que resulta un poco tardado entender, conforme transcurre el juego si pones atención logras comprender algo, sin duda se requiere un asesor.

Las bolas entendí que eran malos lanzamientos del jugador que estaba en la “montañita” de tierra, mientras que los strikes pelotas a las que no les daba el bateador. Todo contado de tres en tres, hasta los odiados outs, las oportunidades de los equipos para hacer carreras.

Eso no importa, sino gritar con euforia cada que los Saraperos hacen una carrera y chiflarles a los Tigres para mandar mala vibra y que se equivoquen.

Pero hasta eso, el equipo de casa recibe el regaño de la audiencia si se equivoca, y más si batea y se va la pelota para atrás, ahí el “golpe avisa”, porque puede pegarle a alguien, aunque la gente no mide el peligro, todos quieren agarrar la bola.

Mientras trascurría el juego entendí el apodo de los Saraperos: “los ya merito”. Cuando se veía que se iba perdiendo la gente alegaba que siempre era lo mismo con ellos al estar a punto de ganar.

Aunque muchos no entiendan lo que es jugar beis, es lo de menos; hasta los niños gritan eufóricos vestidos de Saraperos.

Entre más fuerte se batee, mejor, para sacar la pelota del campo y que los jugadores de las bases corran sin prisa; malo si le dan y otro jugador agarra la bola sin bote, porque está ponchado. A nadie le gusta eso, es revivir el “ya merito”.

El juego se prolongó por horas, vimos anochecer en el Madero, y cómo las cifras se iban invirtiendo en el marcador.

Nadie se mueve de sus lugares, y cada vez son más las cáscaras de semillas en el suelo y los vasos de cerveza en torre.

Todo va de tres en tres, así que éste fue el primer juego, dejando un margen de al menos tres más para conocer al verdadero campeón.

Aún nada está definido, los dos equipos dieron batalla y no importa el tiempo que tarde en acabar el partido, hasta el final todos esperando la victoria del equipo verde, que más de una decena de veces hizo retumbar el estadio con la alegría de los seguidores.

No tienes que saber todos los movimientos o tecnicismos del deporte, la afición da todo para que te quedes con ganas de volver al Madero a apoyar a los Saraperos, y por supuesto ponerte la camiseta.

“Al Estadio Madero, quiero ir al beisbol, cómprame helado, soda o café; siempre al juego quiero volver”.
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