Incluso algunos establecimientos que se hacen llamar bares deportivos cerraron a temprana hora, anticipándose al amargo resultado o por el día las pocas ventas que hubo a pesar del barullo que provocó ganar dos juegos el fin de semana ante unos felinos sin garra ni colmillos.
La cerveza permaneció fría sobre la mesa, sin nadie que la destapara, las semillas lucieron sin pelar en la canasta de la botana y las salas con televisión de pantalla plana no contuvieron los gritos de júbilo como otros días. Tal vez hoy sea la ocasión, el día de mejor suerte para el equipo, para los bolsillos del aficionado y los propietarios de cada sitio.
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