El retén se ancló a la entrada de la ciudad, precisamente en el sitio donde anteriormente se encontraba el arco de bienvenida.
Con conos rojos, desde muchos metros antes obligaban a los conductores a disminuir su velocidad y luego a pararse.
Cada vehículo era revisado minuciosamente, las cajuelas de los autos eran abiertas sin importar que vinieran sólo familias.
Este medio de comunicación trató de dialogar con los oficiales encargados del operativo para saber sobre su funcionamiento, pero sólo se concretaron a decir: “no podemos decir nada, no estamos autorizados a hacerlo”.
Lo que es verdad es que muchos conductores se quejaron amargamente, primero del caos vehicular que provocaron, luego, algunos otros de haber sido despojados de dinero sin motivo aparente alguno.
¿Qué sería lo que pasó?, no se sabe, por que en ningún momento la información se quiso dar por estos oficiales del SAT, que durante todo el día tuvieron su filtro de “chequeo”.
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