Monclova, Coah.- Cumpleaños perdidos, familiares mortificados, extinción de reuniones sociales y hasta arriesgar la vida, son sólo algunos factores que integran el precio de seguir la vocación de quienes hoy celebran su día: ser socorrista.

“ES UNA FORMA DE VIVIR”

“Quieto” no es una palabra que le parezca muy familiar a Gustavo Rico Hernández. A sus 24 años -y padre ya de 2 niños- Rico alterna sus turnos como supervisor de seguridad en Pitko y su verdadera pasión: ser paramédico en la Cruz Roja de Monclova.

“Yo primero estudié enfermería, luego fui voluntario en la Cruz Roja”, recuerda el joven. “Veía como entraban y salían las ambulancias, todo el movimiento, la adrenalina... entré al curso de paramédico y me apasionó el área de las ambulancias”.

La presión, el tomar decisiones rápidas -pero concisas- y el manejo del estrés hacen del ser paramédico una profesión única, asegura Rico, una actividad que más que una profesión, se convierte en una forma de vivir.

“A veces estoy dormido y me despierto con un sobresalto, pensando que voy a un servicio”, dice el rescatista al respecto. “Este es un trabajo de varios sacrificios, tengo dos niños de 2 y 3 años y a veces este empleo te cambia hasta los planes de salir, por ejemplo... pierdes tu vida social”.

Así mismo, señaló que su vocación -que a fin de cuentas sí funge como complemento para los ingresos en su hogar- le ha provocado algunos desacuerdos con su cónyuge, quien en ocasiones le ha solicitado que opte por sólo quedarse con su trabajo en Pitko, en un afán de que ‘goce’ de un horario más fijo y no tan impredecible.

“Mis hijos me dicen: ‘no vayas a la ‘uía’... así le dicen ellos a la ambulancia”, agrega, con un tono de nostalgia.

“Pero yo amo mi profesión, amo servir. Muchas veces le he salvado la vida a alguien, y es un sentimiento que no se compara con nada... y sólo con el hecho de que le den a uno las gracias”.

Gustavo es contundente al señalar que ni el haber estado en medio de una balacera en San Pedro de las Colonias ha mermado su espíritu de servicio ni su vocación como paramédico.

“Llevo cinco años como paramédico... y los que faltan”, dice, a manera de conclusión. “Dicen que la vida del paramédico no es muy larga... pero quién sabe”.

“ES ALGO QUE NO SE BORRA TAN FÁCIL”

Para empezar su plática con Zócalo, Juan José Villa Mendoza, no duda en dar una cátedra de por qué cada 24 de junio se celebra el día del socorrista.

“El 24 de junio de 1859, Jean Henry Dunant, quien era un banquero suizo, viajó de Ginebra a Italia”, explica Villa, quien fue rescatista, subcomandante y comandante de la Cruz Roja Monclovense. “Ahí estuvo en la batalla de Solferino, donde reunió un comité para apoyar a los heridos... él fue el precursor de la Cruz Roja”.

Actualmente, Villa funge como Subdirector de Protección Civil de Monclova, cargo que asumió el año pasado después de salir de la organización de rescatistas voluntarios.

Nacido el 21 de agosto de 1972, el veterano socorrista recuerda que fue desde los 6 años de edad en que tuvo sus primeras inquietudes sobre las ambulancias y las labores de rescate.

“Cuando era niño, yo veía que mi papá se metía debajo del carro para arreglarlo y yo quise hacer lo mismo con una bicicleta. La volteé, le di vuelta a los pedales y con la ‘estrella’ me rebané un dedo”, comentó. “Me llevaron a la Cruz Roja y me lo cosieron, me acuerdo muy bien porque hasta tengo fotos de eso. Ahí vi a los socorristas pasando por el hospital, luego el emblema, a uno no se le olvida.

Mis papás siempre me inculcaron mucho el ayudar al prójimo y la Cruz Roja es un ejemplo de lo que podía hacer. Muchos niños quieren ser bomberos o policías y yo quería ser rescatista, pero nunca pensé que sí iba a entrar”.

Fue hasta su adolescencia, en 1988, que Villa ingresó por primera vez a la benemérita institución, con la finalidad de hacer su servicio social para el Conalep, donde estudiaba para Profesional Técnico en Productividad.

Su desempeño y su gusto por el oficio de paramédico le permitieron ingresar a la escuela de socorristas, luego a la de enfermería -donde se tituló como especialista en Geriatría-y a enlistarse como voluntario en Bomberos.

Así, a partir del 88’ y hasta el 2003, acumuló una carrera que le permitió desempeñarse como operador de ambulancia, paramédico, subcomandante voluntario y comandante.

Fue en el último rango en el que experimentaría un hecho que le cambiaría la vida.

“Cuando pasó la explosión del camión de Orica, le dije a mi esposa ‘ahorita regreso, voy a un accidente’ “, recordó Villa, sobre el fatídico día. “Me fui en un camión de rescate, ya andaba allá una ambulancia. Pasando Nadadores, me avisaron que podría haber explosivos en el lugar y le volví a hablar a mi esposa para decirle que no iba llegar sino hasta más tarde”.

Al arribar al sitio, Villa apoyó al operador que ya se encontraba en el lugar subiendo a un herido a la ambulancia, para después solicitarle al rescatista que se retirara del lugar.

Luego sobrevino la explosión que acabaría con decenas de vidas. Villa ‘tuvo suerte’: acabó con fisuras en las costillas, lesiones en ambos brazos (que hasta la fecha siguen produciéndole un dolor permanente), los oídos reventados, quemaduras en la espalda, una rodilla luxada y 2 hernias de disco en las cervicales. Estuvo incapacitado durante 7 meses, primero internado en el Hospital de Especialidades de Monclova y luego en la Clínica Muguerza de Monterrey, a donde fue trasladado vía aérea. Fue operado de los oídos y actualmente tiene intervenciones pendientes en las cervicales.

“En este tipo de situaciones uno se aferra más a servir, es algo que no se borra tan fácil”, puntualizó Villa, quien también quiso compartir un consejo con las nuevas generaciones de paramédicos. “Que nunca se les acabe el anhelo de servir, a lo mejor no ganamos nada y nos dicen que perdemos el tiempo. Pero la satisfacción de ayudar no se puede comprar y no se consigue en otra parte”, puntualizó.

INVITAN A CURSOS EN LA CRUZ ROJA

La Cruz Roja Mexicana de Monclova convocó a niños y jóvenes a participar en el próximo curso de verano organizado por la benemérita institución.

Las inscripciones se abrieron desde esta semana y la capacitación será impartida del 18 al 24 de julio, señaló Raúl Moreno Díaz, coordinador del curso.

“De lunes a viernes serán impartidos conocimientos de primeros auxilios”, comentó Moreno. “Luego, el sábado y el domingo, terminaremos con un campamento en el que realizaremos actividades acuáticas y técnicas de seguridad en el agua”.

El entrevistado señaló que la actividad estará enfocada a edades de 8 a 18 años. Así mismo, explicó que mientras la atención a los infantes se enfocará a impartirles medidas preventivas sobre quemaduras, heridas y hemorragias, los adolescentes aprenderán técnicas más avanzadas, como RCP (reanimación cardio pulmonar) y movilización de personas lesionadas.

Además, agregó que durante el último curso impartido por la instancia, hubo mucha respuesta de parte de los jóvenes, ya que 15 de ellos, por su interés y aptitudes, se integraron de manera permanente al cuerpo de voluntarios de la Cruz Roja.

Las inscripciones están abiertas de lunes a sábado de 10:30 de la mañana a 1:00 p.m. y de 3:30 a las 6:00 de la tarde. El curso será impartido durante una semana de 9 de la mañana a 1 de la tarde y el costo total es de 280 pesos por persona.

“También vamos a tener un curso de primeros auxilios para papás y maestros”, agregó el paramédico.

“Pero éste será de 3 días: se impartirá el 18, 19 y 20 de julio”.
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