Bajo esa tesis, este ensamble español sorprendió a decenas de saltillenses con un repertorio experimental y riesgoso ejecutado en el Teatro de la Ciudad la noche del jueves.
Cambio de programa
Bertrand Chavarría, guitarrista y director musical del ensamble apareció en el escenario para explicar cada una de las piezas que conformaron el programa, mismo que tuvieron que modificar porque dos integrantes del ensamble no pudieron viajar a nuestra ciudad.
El concierto inició con “Ezkil”, pieza del catalán Ramón Lazkano en la que —según explicó Chavarría—se planteó emular con la guitarra una coloratura que se aproximara a los sonidos de las campanas. Esta pieza fue ejecutada por el propio Chavarría, alumno del maestro Martín Madrigal en sus inicios.
Del mismo autor, “Wintersonnenwende” fue ejecutada con piano y viola. Con una prestidigitación casi diríamos sucia o primitiva, Natalia Baquero convirtió al piano en un instrumento de percusión y Andrés Balaguer hizo de su violín un personaje perseguido ante el acecho del piano-tambor.
La noción de melodía quedó desafiada en esta pieza que parecía tener más bien una sintaxis narrativa y que por los recursos de ejecución resultó alucinante.
“Les Ruines Circulaires” de Tristán Murail fue la tercera en el orden, ejecutada por Balaguer y Carmen Domínguez en el clarinete; una pieza en la que ambos instrumentos parecen dialogar utilizando para ello la misma secuencia de notas, reordenadas en cada repetición.
Magno cierre
Para concluir, el ensamble ejecutó las piezas “Mosaico 1”, de César Camarero para flauta (ejecutada por Clara Novakova) y violín, que a decir de Chavarría se trata de “una pieza cuya línea melódica se va desmoronando mientras se ejecuta”.
Continuaron con la emocional pieza “Andante Sospeso” de Héctor Parra, basada en el verso de Paul Celan: “una fisura en el hielo”. La pieza precisamente parece emular, por vía de la flauta, una grieta que se descompone y ensancha conforme transcurre.
Para cerrar, el ensamble entero ejecutó “Esplorazione del Bianco” de Salvatore Sciarrino, obra en la que “se juega con ruidos y silencios” según Chavarría.
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