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Saltillo.- Comen dos veces al día, si bien les va, sobreviven vendiendo las cabezas de ganado que les quedan o endeudando los apoyos de Gobierno que todavía no les llegan; son los estragos de la sequía que azota a la Región Sureste de Saltillo y golpea al pueblo campesino.
“Por lo pronto, a las vacas les chamuscan el nopal seco que quedó y para comer nosotros pues con las cosas que me dan, con los apoyos, pero ahora ya tiene mucho que no me dan la beca de Oportunidades, con lo que me dan pago y luego ya me fían otra vez”, cuenta Elisa Sánchez, habitante de la Hedionda Grande.
“Damos dos comidas, como ahorita, ya almorzamos y comimos, y luego a las seis o siete damos otra comida para ya no cenar y hasta otro día”, dice angustiada.
Cada dos meses recibe mil 700 pesos del programa Oportunidades, pero esta vez no podrá sacar nada fiado en la tienda porque su hijo se cayó y gastó lo que le restaba para pagar el transporte a Saltillo y atender al jovencito.
Con eso se mantienen los cinco integrantes de su familia, porque a causa de la sequía no hubo granos de maíz, ni frijol para comer, y mucho menos otras entradas de dinero, porque en la Hedionda Grande, el que no es campesino, es ganadero.
Situación más dramática es la que pasa en el ejido Las Hormigas doña Rosa Reyes, quien todo el año tenía nixtamal para hacer tortillas de maíz, pero ahora sus provisiones no son más que dos papas.
“Antes de perdido hacía tortillas, pero ahora no hubo maíz y el que tiene no lo quiere vender para nixtamal. No sé qué voy a comer, a lo mejor unas papitas, porque ya no puedo sacar fiado, ya debo 500 pesos y ni me ha llegado la beca de Gobierno”, menciona la mujer.
Doña Rosa es viuda y vive sola en tres cuartitos a punto de caerse; si puede, come dos veces, una en su casa y la otra siempre y cuando sus hijas o alguien le pueda ofrecer un taco de comida.
RETROCESO
Refugio Gaona Teruel, comisariado de Hedionda Grande, cuenta que pese a los grandes avances que ha tenido el ejido, ya que ahora a la mayoría vive en casas de adobe o concreto, y cuentan con electrificación y agua que proviene de un pozo, vuelven a sufrir las condiciones que tenían hacia 1950 y cuando vivían en sus jacales con poco que comer.
“Andamos bastante mal, uno puede ir a ver los carcajes que dejaron los zopilotes, se han muerto como unos 100 animales desde el año pasado hasta hoy, porque no hay nada que comer, ahorita la gente esta comprándoles pastura y algunos chamuscándoles los nopalitos, porque ha subido mucho la paca, de 40, ahora la dan a 90 pesos”.
Explica que en la Hedionda son casi 130 ejidatarios y tendrían unas 600 cabezas de ganado, pero hoy sólo quedan en los campos 400, quitando las que se mueren y las que ya han vendido.
“Algunas gentes ya vendieron sus animales; si tenían 30, dejan 15 o 10 para poderlos sobrellevar comprando alimento o chamuscando, viven de lo que cuesta una becerra de 3 o 4 mil pesos o una vaca vieja, por la que les dan 2 mil pesos, tratando de no vender todo lo que tienen” explica.
Señala que actualmente uno de los seis estanques que hay en el ejido cuenta con agua para el ganado, los demás se quedaron esperando el agua de las lluvias.
“Uno está acostumbrado al sacrificio, ya los hijos no se conforman; por ejemplo, mis hijos se fueron de aquí para Saltillo hace 10 años, ya la gente de mi edad no se mueve, pero los chavos, sí”, dice resignado.
Tal como lo han sentenciado las agrupaciones, la sequía ha agudizado la situación del campesino coahuilense pues a diario emigran 10 familias a las ciudades en busca de trabajo para sobrevivir.
Alberto Mata Valdés, líder de la Unión de Agricultores, Ganaderos, Ixtleros y Candelilleros de la Región Sureste de Coahuila, menciona que Parras, General Cepeda y Ramos Arizpe son los municipios que más expulsan campesinos a la ciudad.
“Si los gobiernos no se fijan en el campo nos vamos a venir a las ciudades a formar los cinturones de miseria en arroyos y orillas, y es allí donde se forma la delincuencia, en los hijos que no están preparados”, advierte.
PENITENCIA
Esteban Torres, habitante del Cercado en Saltillo comenta que tan solo en esta población son 60 ejidatarios que se quedaron sin sus cosechas de maíz y frijol
“El frijol lo queremos para comer y el maíz para los animales, porque ahorita se han muerto vacas y chivas. Yo tenía como 200 vacas y hasta ahorita he contado como 20 que se me han muerto, no hay que coman verde, se enferman rápido y se mueren”, dice.
Menciona que el año pasado el Gobierno les dio un apoyo para el barbecho, pero cuestiona si este año también se lo otorgarán, pues las condiciones son similares.
“¿Quién sabe si esta vez nos darán para el barbecho; de todos modos uno tienen que preparar las tierras. Yo, por ejemplo, debo sacar para mis cinco hectáreas”.
Don Esteban ha reemplazado la siembra por su trabajo en una fábrica de cortadillo para la elaboración de escobas, y por lo menos esto le ha permitido sacar adelante su hogar.
“Somos cuatro pelados los que trabajamos en la fábrica de cortadillo, nos pagan a peso el kilo, depende los días que trabajemos, casi siempre son cuatro y me llegan a dar entre 600 o 700 pesos, según lo que yo pueda llevar”, explica.
Es 2012 y la esperanza para la gente del campo es la lluvia de temporal, pues si bien han vivido una vida de sacrificios, ya han sido 17 meses de pagar penitencias por la sequía.
» En Coahuila 40 mil hectáreas de temporal se dejaron de sembrar y se han contabilizado 15 mil cabezas de ganado muertas.
» En ejidos como la Hedionda Grande sólo quedan 400 cabezas de ganado de las 600 que había.
» Solo 1 de los 6 tanques que posee el ejido tiene agua para el ganado.
» En ejidos como Hedionda Grande, El Cercado y las Hormigas solo comen 2 veces al día si pueden.
» De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), en Coahuila 40 mil hectáreas de temporal se dejaron de sembrar, y según las asociaciones de campesinos, han sido los productores pequeños los más afectados.
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