A sus 48 años, doña Bertha se atrevió a cumplir uno de sus sueños: establecer su propio negocio y dejar de depender de un sueldo, pues toda su vida había trabajado como despachadora de salchichonería, en centros comerciales.
Un buen día se animó a preguntar por el costo de la renta de un local, en la calle Pablo L. Sidar, cercano a su casa e inmediatamente hizo el contrato; dibujó en su mente el proyecto y se dirigió a su trabajo con la convicción de que cumpliría su sueño.
Pero las cosas no fueron tan fáciles, pues las desconfianzas y los malos pronósticos se hicieron presentes, empezando por su jefa directa, quien la desalentó diciendo que a su edad las cosas eran aún más difíciles, pero ella no desistió.
Hoy, es una empresaria exitosa, que trabaja de lunes a sábado, poco más de mediodía, pero lo mejor, dice, es que hace lo que le gusta, ya que cocina todo tipo de comida y es un placer ver llegar a la gente que, una vez que prueba su sazón, siempre vuelve.
Y esto es algo de lo que aprendió, básicamente, a valorar su trabajo, percibiendo un sueldo, y creando un fondo de recuperación, lo mismo que planeando una ampliación para su negocio, incluir reparto a domicilio y la compra de un vehículo para ello.
Pequeños logros a simple vista son grandes para Doña Bertha, como la contratación de dos ayudantes, el hecho de emplear a su hijo, los uniformes que ahora portan con orgullo, tener un ingreso suficiente proveniente de su trabajo, entre otras cosas.
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