Hombres y mujeres de edades diferentes y con historias distintas forman parte ahora de un grupo que derriba obstáculos para llevar una vida “normal” aunque para ello se tengan que valer de un bastón o de sus otros sentidos, como el tacto, oído y olfato.
La Escuela de Invidentes se ha convertido para un grupo de 18 personas en un “cuartel” pues ahí los preparan para enfrentarse a la batalla diaria del valerse por sí solos a pesar de su limitante.
Juana María González Martínez y Mateo Ramírez, son maestros de éste plantel educativo que a diferencia de otros, aquí lo que menos importa es lo que se escribe
en el pizarrón.
Los entrevistados coincidieron en señalar que es ejemplar el valor y la disciplina que tiene cada alumno para seguir adelante en medio de un mundo lleno de obscuridad.
“Algunos alumnos son ciegos de nacimiento, en tanto que otros perdieron la vista a causa de un accidente o enfermedad, el caso es lo mismo pues ellos están en igualdad de circunstancias”, destacó Juana María González.
Reconoció que para quienes si podían ver y luego perdieron la visión es más difícil acoplarse a su nueva vida pero no por ello dejan de luchar aunque en ocasiones entran en un estado de desesperación.
“La meta es alcanzar una vida plena y feliz sin tener que depender de los demás valiéndose por ellos mismos y creo que el objetivo se cumple, siempre y cuando el alumno tenga paciencia, empeño y disciplina”, reiteró.
AYUDA NECESARIA
Si bien es cierto lo ideal es que cada alumno se valga por si solo, hay situacionesen las que sí requieren ayuda, como es el caso del servicio de transporte gratuito que presta el municipio.
La maestra Juana María González Martínez, informó que el municipio presta el apoyo solo a cinco de los 18 alumnos que acuden a este plantel a capacitarse para valerse por si solos.
“A esos cinco alumnos el camión pasa hasta su hogar y los transporta al centro de estudios facilitando así su asistencia a la escuela, en cambio el resto de los alumnos no tiene este apoyo lo que provoca que se ausenten hasta por varios días al mes”, dijo.
¿Qué significa esto? cuestionó para luego aclarar que a mayor cantidad de faltas menor desempeño en la capacitación de los alumnos lo que retrasa la preparación de las personas con problemas de ceguera.
La entrevistada hizo un llamado a las autoridades municipales en particular al departamento de Desarrollo Social para que contemplen esta petición de extender a más cantidad de personas el apoyo de transporte gratuito para el traslado de sus domicilios al plantel y viceversa.
DIFÍCIL SITUACIÓN.
María Trinidad Herrera es una mujer de 56 años de edad y desde hace seis perdió la vista a consecuencia de la diabetes.
Doña Mary, como la llaman en la Escuela de Invidentes, es una mujer que desde hace unos meses se decidió a enfrentar la realidad por lo que dejó ese pesimismo que la invadió durante muchos años y le impidió acoplarse a su nueva vida dentro de un mundo de obscuridad. María Trinidad, es madre de cuatro hijos.
Ya enfrentó la pérdida de su esposo pero lejos de sumergirla mas en la depresión, le dio fuerza para tomar la decisión de valerse por ella misma sin necesidad de depender, al menos en todo, de los demás.
“Lo que más extraño de cuando podía ver, es hacer mi quehacer en la casa... me gustaba barrer, trapear, lavar y regar las matas ya fuera en la mañana o en la tarde”, dijo.
Aclaró que son cosas que las puede hacer aunque no con la precisión de antes, pero es algo que empieza a recuperar de su pasado, aquél donde aún contaba con el sentido de la vista.
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