Eduardo García | Saltillo, Coah.- Los errores de juventud son los que ahora paga por no medir las consecuencias de sus actos. Pensó que nunca lo atraparían, pues ya habían pasado años del robo que había cometido y que ya no procedía y cuando apenas comenzaba una nueva vida junto con su esposa y sus dos hijos lo capturaron.

“Me trajeron dos veces por la misma bronca”, dice Víctor Gerardo Ibarra en relación al delito que lo mantiene cautivo desde hace tres años y que, según él, ya había pagado, pues es la segunda vez que entra al Cereso por la misma razón, la primera vez salió libre, pero en está ocasión la condena fue de cinco años y seis meses.

Lo más triste para Gerardo es que su hijo apenas tenía 15 días de nacido cuando lo detuvieron. Aún mantiene vivo el recuerdo, pues había llevado a pasear a sus hijos cuando sin más ni más aparecieron los policías y lo arrestaron.

“Es lo que más lamento, que mi hijo de tres añitos estuviera presente cuando me pusieron las esposas”, menciona Gerardo al tiempo que lanza un suspiro en el aire, pues le cuesta trabajo hablar sobre sus hijos, a los que ve una vez por semana, al igual que a su mujer, quien lejos de juzgarlo lo apoya y lo anima cada vez que lo visita.

Aunque sabe que no es excusa, comparte que cuando se es joven se cometen muchos errores de los cuales pocas veces se sale bien librado, como él, que nomás por unas “chucherías” se perderá de los primeros pasos de su hijo, de sus primeras palabras, pues espera impaciente el día en que le diga papá.

Por lo pronto se conforma con los pocos minutos que los ve por semana, cuando corretean entre las mesas que dividen el espacio destinado a las visitas, junto a otros niños, que al igual que ellos, son inocentes de las faltas de sus padres.

Pese al encierro mantiene una actitud positiva, pues desea obtener su libertad lo más pronto posible por buena conducta, y así poder reunirse con su familia y recuperar el tiempo perdido, para compensarlos por los años de espera. Eso lo alienta para levantarse todos los días, para trabajar duro y no perder la compostura.

Ahora no le resta más que contar los días que le faltan para purgar su sentencia, ya que mantiene viva la esperanza de que se reduzca a dos años. “Ojalá ya para el 2012 ya esté fuera de este agujero, libre para volver a comenzar”, indica sonriente, una sonrisa que desaparece segundos después, al reflexionar que le dirá a sus hijos el día que le pregunten por qué está preso.

“Pues la verdad, para que no cometan los mismos errores, para que sean mejores que uno”, contesta seguro de sí mismo.

Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb
Comentarios