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Afganistán.- El Talibán describió sus sangrientos atentados en la ciudad de Kandahar el domingo como una advertencia al principal general de la OTAN de que los insurgentes están listos para la próxima ofensiva en su país.

Varias explosiones que demolieron edificios y mataron a decenas de personas —incluidas a 10 en una boda— obligaron al gobernador provincial a pedir más seguridad en la zona. Los temerosos ciudadanos dijeron que no creen que puedan protegerles ni el gobierno ni los soldados extranjeros.

El portavoz talibán Qari Yousef Ahmadi dijo que los ataques del sábado por la noche demuestran que los insurgentes aún son capaces de operar a pesar de la acumulación de soldados extranjeros y afganos para preparar una ofensiva en la provincia de Kandahar.

Un portal de internet con vínculos al Talibán describió los ataques en la mayor ciudad del sur del país como una "advertencia" al general Stanley McChrystal de la OTAN, quien ha dicho que las fuerzas de la coalición considerarán Kandahar como próximo objetivo tras expulsar a los insurgentes de un enclave en la provincia vecina de Helmand.

"El general McChrystal ha dicho que pronto empezarán sus operaciones, y ahora nosotros ya hemos empezado nuestras operaciones", dijo Ahmadi a The Associated Press en una entrevista telefónica. "A pesar de todos los preparativos que han tomado, aún no pueden detenernos".

Sin embargo, Zemeri Bashary, portavoz del Ministerio del Interior, dijo que los ataques no lograron su principal objetivo, que era aparentemente repetir el éxito de un atentado suicida en el 2008 en las puertas de una prisión. La explosión culminó con la liberación de cientos de criminales y sospechosos de ser insurgentes.

Soldados canadienses reforzaron recientemente las puertas de la prisión con bloques de cemento, así que esta vez el atentando no destrozó la cárcel y ningún preso escapó.

"Querían liberar a los prisioneros... pero fracasaron en su misión", dijo Bashary.

Las múltiples explosiones —hubo cuando menos cinco, cuatro de ellas por atacantes suicidas— mataron al menos a 35 personas, según el Ministerio del Interior. Otras 57 resultaron heridas en los ataques, que afectaron a la cárcel de la ciudad, la sede de la policía, un salón de bodas y otras zonas con carreteras que llevan a la prisión.

"Ellos pueden hacer lo que planean y lo que quieren, y el gobierno no puede controlar la situación", dijo el domingo Javed Ahmad, de 40 años, originario de Kandahar. "No nos sentimos seguros ante la presencia de todas las fuerzas en Afganistán y es terrible que tengamos que vivir más tiempo en esta situación".
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