Los tatuajes no pesan, no estorban, y permiten a quienes lo portan recordar, identificarse. Y les dan fuerza en el largo camino que deben de recorrer para llegar a su objetivo o, en su defecto, para volver a intentar en caso de ser deportados.
Los migrantes utilizan los tatuajes como un símbolo de su identidad y de su pertenencia a algún lugar o persona, dado que por su condición deben dejarlo todo atrás, comentó la doctora Ana Isabel Pérez Gavilán, investigadora de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Coahuila, previo a dictar la conferencia “El cuerpo del migrante”.
“El cuerpo es un recipiente de una serie de identidades sociales y políticas, entonces, en ese simbolizar el cuerpo, buscar una identidad que se arraigue en la piel que si puedas llevar, porque dejas atrás como migrante, tu familia, tu casa, tu identidad, tus devociones, entonces el migrante utiliza tatuajes para darse fuerza en el camino y tener una identidad como un ancla que les permita seguir vinculados a su origen”, explicó.
Los tatuajes más recurrentes entre los indocumentados se encuentran las imágenes religiosas, el rostro de Cristo con espinas y la virgen de Guadalupe. Por otro lado están las imágenes de la Santa Muerte, incluso, está de moda un híbrido de la Virgen de Guadalupe con el rostro de la Santa Muerte, además de nombres y figuras que recuerden a sus seres queridos.
Los tatuajes son también la forma en que muchos de los migrantes que mueren en su travesía son identificados y llevados a su país de origen.
Sin embargo, la tinta que llevan en su cuerpo, la misma que les da fuerza, es la que también les trae problemas al ser víctimas de discriminación precisamente por sus tatuajes.
A decir de Pérez Gavilán, los tatuajes que popularizaron los grupos delictivos centroamericanos, como los llamados “Maras”, han acrecentado la discriminación hacia los migrantes tatuados que sólo buscan llegar a los Estados Unidos.
“En el caso de los Maras, tiene que ver con una iniciación en un grupo o diferenciación con otros grupos”, explicó, “entonces, el tatuaje se vuelve como un trofeo de guerra porque cada vez que matan a alguien se tatúan algo y esto, obviamente, ha acrecentado la discriminación hacia las personas tatuadas aunque no sean migrantes”.
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