¿Por qué confiar en ellos? Se le pregunta a Raúl Cerón director operativo de Fundación Telmex.
“¿Por qué no? Son presuntos delincuentes a los que todavía no se les ha dictado una sentencia, entonces no podemos emitir un juicio hasta que la autoridad haya determinado responsabilidades, por eso confiamos en esa gente”, respondió.
Cerón comentó que muchos reos del país son aprehendidos por estar en el lugar y momento erróneos, por no hablar español o simplemente por ignorancia; a lo que sumado a la pobreza de sus familiares les garantiza un encierro.
Fundación Telmex y Reintegra han pagado la fianza de casi 51 mil personas desde la creación del programa en 1994. El monto estándar que están dispuestos a pagar es de 10 mil pesos; en 17 años han erogado 509 millones 50 mil pesos.
Cerón explicó que los encargados de difundir el esquema de ayuda son los abogados de oficio, pues ellos son el primer contacto con familiares, además “los acreedores al programa deben tener un perfil de primodelincuencia y que el delito esté tipificado como menor para que tenga libertad bajo fianza. También se requiere que exista el aval moral de la familia en el cumplimiento de las obligaciones que le impone la ley”.
Mencionó que el pago de la fianza se realiza en menos de cinco días y que un consejo de especialistas multidisciplinarios son los que se encargan de valorar los perfiles y delitos de cada solicitante para evitar liberar a una persona que sea un riesgo para la sociedad.
¿Qué gana Telmex?
“Es nuestro compromiso con México, y confiamos en que la gente valore esta segunda oportunidad”, dijo Cerón.
Se le hizo fácil
A Evelia González se le hizo fácil tomar artículos de bebé para sus dos menores en un centro comercial, el costo era de 600 pesos, aunque la empresa la acusó por más de 2 mil.
Aunque no cruzó la puerta del establecimiento para consumar su delito, fue suficiente para que ingresara al penal de Santa Martha Acatitla. “Estuve ocho días, fueron difíciles porque tengo dos bebes menores de tres años. En ese momento sólo contaba con mi esposo”, recordó.
Su acción no sólo la privó de la libertad, además su familia le dio la espalda. “Sí me da pena, estoy apenada con todo mundo, con mis suegros, mis hijos, me siento fichada y me siento mal, no es un orgullo”, reconoció.
“En el momento que robé no lo pensé, se me hizo fácil, pero me dí cuenta que es una experiencia muy fea, te mezclas con gente que viene por asesinatos, trata de blancas y tu vienes por algo pequeño y te juntas con gente así”, comentó.
La familia sufre más
Adalberto Mota es uno de los tantos mexicanos que ha padecido las injusticias de la ley, ser “reconocido” por “figuraciones” lo llevó tres meses al Reclusorio Oriente, lo que no sólo le generó un resentimiento al sistema, sino que adquirió el virus de Guillain-Barré que le dañó de por vida las extremidades.
“Un error de la persona que me acusó fue lo que me llevo a la cárcel. Cuando estás preso son los familiares los que más sufren, los que se mueven y se endeudan hasta el cuello por ir a ver a uno”, afirmó.
Mota, de 68 años, mencionó que la nula atención médica fue lo que generó que el Guillain-Barré se le extendiera por todo el cuerpo y lo dejara incapacitado para trabajar.
“Uno se deprime bastante, se da cuenta de los sacrificios de la familia, ellos sufren mucho y uno se lo va sobrellavado, afortunadamente ahora estoy libre, pero ya no le puedo recompensar a mi familia lo que hicieron por mí, ya no puedo trabajar”, sostuvo.
Segunda oportunidad
Ser deportado dos veces, la culpa de dejar a su esposa e hijos en Estados Unidos, la adicción al alcohol y la necesidad de dinero para pagar 60 pesos a un hotel, orilló a Víctor Ramírez a robar cinco cepillos de dientes.
Previo a ser aprehendido, el cocinero de oficio se distanció de su familia y se condujo hacia los malos vicios, que lo obligó a vivir en hoteles y perder su trabajo soñado en un restaurante de Polanco.
“Mi depresión por pensar que jamás volvería a ver a mi familia, era muy grande. Me hundí en el alcohol, mendigaba 60 pesos para poder dormir en hotel donde cucarachas y gemidos de prostitutas te hacen compañía”, dijo.
Rememoró que en algunas ocasiones intentó suicidarse; sin embargo, no logró su objetivo “siempre hubo una llamada que evitaba eso”.
“Fianza Social me dio una segunda oportunidad, le pedí perdón a mis papás, a mi familia. Ahora sólo quiero trabajar y juntar dinero para traerme a mi familia”, confió.
| Comparte ese artículo: |
|



