Jamás fue del todo responsable, ella misma así lo dice, sin embargo, ahora Vanessa tendrá que cambiar el maquillaje por los pañales, y los bailes por los biberones y el quehacer de la casa.
“Me cambió todo; ahora no voy a poder salir igual, no podré hacer las mismas cosas…”, señaló.
Su hijo fue producto de una corta relación con un novio, uno de los primeros, dice ella, no obstante, la falta de cultura sexual y de protección, desencadenaron en embarazo no deseado. Inició su vida sexual porque se sentía “lista”, pero no estaba preparada para un embarazo.
El proceso del embarazo no fue tan sencillo, para empezar, nunca dijo nada a sus padres; ellos solamente vieron cómo su vientre crecía día con día. A pesar de la decepción que ellos sintieron, no dejaron de apoyarla económica y emocionalmente en todo momento.
Con todo y el apoyo que le daban sus papás, Vanessa tuvo que pasar algunas penurias, como trasladarse en camión o en el mejor de los casos, a pie, para llegar a su destino, recorridos que, aunque eran cortos, sí la agotaban físicamente.
“El parto fue otra cosa, aunque todo el mundo dice que duele, nunca te lo imaginas, tienes que vivirlo”, dice Vanessa mientras mece a su bebé en los brazos.
Asegura que la atendieron bien, fue de manera natural. Su bebé peso tres kilos con 300 gramos y midió 40 centímetros, algo muy pequeño, pero ahora muy importante en la vida de Vanessa.
Aunque nunca buscó apoyo en alguna dependencia pública, está consciente de que sí existe, sin embargo, reconoce que aún falta mucho por enseñar en materia de sexualidad a los jóvenes, los cuales, explica, cada vez empiezan su vida sexual a más corta edad.
Sólo terminó la primaria, después no quiso seguir estudiando, pero ahora, con un bebé en brazos, quince años y una responsabilidad por delante, Vanessa quiere trabajar y estudiar, aún no sabe qué carrera elegirá, pero está consciente de que ahora tiene alguien por quien velar.
| Comparte ese artículo: |
|



