Por ello, oráculo y poesía son lo mismo. Así lo han demostrado quienes por casi una década han mantenido una revista en la que, a decir del escritor Luis Felipe Fabre, “queda muy acusado el desarrollo de la poesía de los últimos años en México”. Allí, otra virtud “oracular”, en el sentido de “vaticinio” que también se adjudica al oráculo: la de poner en perspectiva el presente y porvenir de la poesía mexicana.
La revista fue presentada el viernes en el Museo del Sarape, y tuvo como extensión una lectura en el Centro Cultural Ágoras, en la que participaron colaboradores y editores de la misma.
En la presentación participaron Rodrigo Flores, Sergio Loo y Luis Felipe Fabre, los primeros editores y el segundo asiduo colaborador.
Los primeros compartieron con el público el origen de la revista, que se teje con Coahuila por vías alternas: nació en el taller literario que Enriqueta Ochoa impartió por años en su departamento en la calle Amores, en la colonia del Valle de la Ciudad de México.
Flores confesó que el mayor motivo para lanzar la revista fue el de “publicarnos a nosotros mismos”, los compañeros del taller, objetivo que gradualmente fue cambiando al de “rescatar la nueva poesía en México y confrontarla respecto a la poesía en otras zonas del español”.
Loo consideró que otro objetivo de la revista fue la de ponerla en contacto directo y constante con el lector, ámbito que sólo una publicación periódica pudo lograr.
Fabre sostuvo el hecho de que “Oráculo” registró los diversos movimientos de la poesía mexicana de la última década, y que probablemente un día la revista podrá servir a críticos e investigadores para tomar el pulso de la poesía mexicana de los últimos tiempos.
Poesía ‘presente’
Con ese concepto definió Eduardo Milán a cierta clase de literatura que se mira a sí misma como contemporánea, fuera de tradiciones, arriesgada. Flores, Loo y Fabre realizaron una lectura de textos que ejemplifican este concepto. A ellos se les unieron los poetas Maricela Guerrero y Óscar David López.
En varios textos se pudo notar como aspecto compartido la deconstrucción de paisajes, frases e imágenes; el encabalgamiento, el bombardeo de postales que aludían por igual a una emoción que a un espacio: astillas de la realidad posible del poema.
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