El hecho fue la última de una serie de balaceras ocurridas en distintos puntos de East Side, que desde el martes han agravado la ola de violencia que vive la ciudad y en los cuales un hombre perdió la vida y 10 personas resultaron lesionadas.
El jefe de policía, William McManus, habló la noche del domingo en la escena del crimen, en la cuadra 300 de la calle Belmont, un par de horas después del tiroteo y dijo que seguirán buscando a los agresores para evitar que más gente inocente salga herida.
Todas las víctimas estaban en dentro de una casa cuando poco después de las 3:30 de la tarde un vehículo se detuvo afuera y uno de los tripulantes comenzó a disparar, según la policía y un testigo.
Stephon Finnell, de 20 años, residente de la vivienda atacada, dijo que su sobrino de 6 años fue herido en un brazo cuando todos convivían en familia por los festejos navideños.
"Era el pasajero asiento trasero de un coche deportivo rojo que apuntó con el arma por la ventana y comenzó a disparar", declaró.
"He visto el arma y creo que era un helicóptero" (argot para un AK-47), pero es todo lo que dice recordar, pues su prioridad fue asegurarse que su hijo estaba bien.
Junto con el menor, dos hombres, de 22 y 35 años, fueron baleados en las piernas; una mujer de 18 años, recibió un disparo en las piernas, y otra mujer, de 39 años, recibió un disparo en el brazo, informó el teniente de policía Scott Bell.
El jefe McManus señaló que el motivo de la agresión ya es investigado. Dijo que en un principio parecía ser relacionada con las pandillas, pero la indagatoria reveló además que podría haber sido alimentado por luchas internas. La investigación está en curso, subrayó.
Ninguno de los recientes tiroteos se conectan entre sí, dijo. Uno podría haber estado relacionado con las drogas, pero otros se pensaba que eran al azar.
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