Aunque lo niega, físicamente luce mal, su timbre de voz perdió potencia, y luce algunos kilos menos en comparación de marzo del 2006, cuando salió de México para atajar tres órdenes de aprehensión por el tema caliente de los 55 millones de dólares al fideicomiso de indemnización por la privatización en 1988 de Minera Cananea.
Ríos de tinta se han movido desde entonces, y de arranque Gómez Urrutia insiste en la entrevista de que es víctima de una persecución política iniciada por el anterior gobierno foxista y reanudada por la administración calderonista que le acaba de conseguir una nueva orden de aprehensión por presuntos delitos financieros, incluyendo el emblanquecimiento de dinero.
El defenestrado dirigente del Sindicato Minero, accedió después de mucha insistencia a una entrevista exclusiva con Zócalo, la primera que ofrece a un medio coahuilense y de provincia, desde su exilio en esta costa occidental de Canadá.
El ejercicio periodístico e imparcial de Zócalo, nos condujo hasta esta ciudad para dar tribuna a este hombre, y ver profesionalmente la noticia desde otro ángulo.
La charla con el ex líder se desarrolló en una cafetería de la céntrica calle Robson, donde se hacen mayoría hindúes, japoneses y coreanos frente a la comunidad anglosajona.
Luce unos jeans deslavados, zapatos café, un saco de pana color negro, y camisa azul a cuadros, se nota tranquilo, relajado, aunque tal vez en su interior gira un torbellino por los vaivenes de la vida, y el juego de serpientes y escaleras donde ha estado arriba, y de pronto abajo.
Dice que al final la tormenta terminará, pero que mientras tanto continuará viviendo en Canadá, mientras sus abogados desbaratan las órdenes de aprehensión que enfrenta no solamente él, sino por los mismos cargos también sus colaboradores, el ex Secretario de Actas, José Ángel Rocha Pérez; el ex Tesorero, Félix Estrella; y el ex Presidente del Consejo de Vigilancia y Justicia, Juan Linares Montúfar.
“Por supuesto que tenemos comunicación constante, y ellos también están muy ofendidos por esta persecución y abuso de poder”, añade Gómez Urrutia, respecto a sus amigos de quienes se presume están en territorio mexicano entre versiones de que inclusive viven en la calle Vértiz marcada con el número 668 de la colonia Narvarte del Distrito Federal, sede nacional del Sindicato Minero.
Aunque la PGR ya tiene en sus manos la nueva orden de aprehensión federal contra Gómez Urrutia para extender su largo brazo de arresto hasta esta ciudad canadiense, éste asegura que no le quita el sueño, porque el país que lo recibió no se prestará a lo que él llama juego sucio y perverso del gobierno mexicano, donde los jugadores son el secretario de Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano Alarcón, y el empresario Germán Larrea Mota Velasco, presidente de Industrial Minera México.
Lo grave e increíble, asegura, “es que el subprocurador de la PGR, y el director de Averiguaciones Previas de esa dependencia, a diario se la pasaban en la oficina de la jueza federal hostigándola para que expidiera la nueva orden de aprehensión, lo cual consiguieron”.
“Esto no sucederá en Canadá, porque aquí los jueces no se dejan presionar por políticos ni gobernantes”, reitera, moviendo insistentemente sus manos de arriba hacia abajo, y en dirección horizontal.
El regiomontano reside en este país con permiso laboral concedido por autoridades migratorias canadienses, y tramitado por el Sindicato Siderúrgico de Canadá (Steelworkers Union) con sede en Toronto.
Desde su ingreso al liderazgo sindical en el año 2000, Gómez Urrutia fue colocado en el paredón de la opinión pública porque no es minero, y el tema sigue causando polémica.
Pero mira, añade, “Germán Larrea, dueño de Grupo México ha gastado cientos de millones de dólares en una incesante campaña llena de mentiras y desprestigio contra el Sindicato Minero, no tiene madre”.
Gómez Urrutia, al repasar las arrancadas hojas del calendario de marzo del 2006, recuerda al gobernador Humberto Moreira Valdés en días posteriores a la tragedia de Pasta de Conchos, cuando el mandatario coahuilense reventó la burbuja que contenía la propuesta del entonces Presidente Vicente Fox, para que le inventara cargos y lo metiera en prisión.
“En otro país hubiese ocurrido la destitución del Presidente de la República por ignorante y perverso, pero además Vicente Fox y su ambiciosa y perversa esposa Martha Sahagún, jamás dieron la cara ante las viudas de los 67 mineros fallecidos en la explosión, y tampoco el dueño de la mina Pasta de Conchos, Germán Larrea”, dice.
Asegura que en otr
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