Eduardo García | Saltillo, Coah.- Primero lo metieron preso por robo y lo condenaron a seis años de prisión, de los cuales sólo reparó un año y medio gracias al beneficio de cero castigos, la condición era no faltar a las firmas semanales que constaban en su pre liberación.

Así estuvo de 2008 hasta la fecha, pero luego, por una cosa o por otra, José Juan Villanueva dejó de asistir al juzgado para certificar que estaba de acuerdo con los arreglos establecidos que aseguraban su libertad condicional.

“Pos no había tenido chance de ir a firmar y luego luego me agarraron de vuelta”, dice José Juan sobre su segunda vez en el reclusorio por el mismo delito, por incumplir a las reglas de un beneficio que se había ganado a pulso con tanto esfuerzo.

Lo que más le apura a José es que ni sus dos hijos ni su ex esposa saben que regresó al Cereso, y teme perder el derecho de mirarlos, o peor aún, que ellos ya no quieran velo, debido a que ni siquiera saben por qué estuvo tras las rejas la primera vez.

“Es complicado, ya no son unos niños, el menor tiene 10 años y la mayor 14, ya entienden”, agrega José ante el temor de que se avergüencen de él por lo que hizo, pues asegura que con qué cara se le puede dar consejo a un hijo cuando se es un ex convicto.

Pero ahora no sólo tiene que esperar a que le solucionen lo de las firmas, sino que tiene que enfrentar cargos por lesiones, ya que en el momento del segundo arresto se puso violento y arremetió contra los municipales.

“Pos la verdad si me las voy a ver más difíciles, pero espero que se pueda solucionar, no quiero volver a pasar por lo que pasé hace tres años” afirma Villanueva, al tiempo que se cubre el rostro con las manos, pues asegura que aunque se quiera hacer el fuerte, lo cierto es que sí le afecta.

Y lo peor del problema es que el próximo 17 de agosto su hija mayor cumplirá 15 años, y ya tenía planeado hacerle una pequeña recepción con amigos y familiares para festejar que será toda una señorita, pero como está la situación las esperanzas son muy pocas.

“Apenas tengo ocho días que regresé, los abogados están de vacaciones y francamente no creo estar afuera para su cumpleaños”, expresa con un dejo de tristeza que disimula mientras baja la mirada y gira su rostro hacia la puerta de la cocina.

Como sabe que será una fecha especial para su hija, aprovecha este medio para, en caso de no poder estar presente la fecha exacta, mandarle un abrazo y un beso con todo su corazón, esperando que algún día lo pueda perdonar por desaparecer así, sin avisar.
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