Doña Lorena Guadalupe Castillo Reyes, artesana monclovense, se ha esmerado por doce años en ofrecer este pequeño gusto a las familias de la región, incluso a aquellas que se han trasladado al país vecino y regresan a comprar estos artículos o extienden pedidos desde su lugar de residencia, con el afán de celebrar la época navideña a la usanza mexicana.
“Las que más se venden son las de siete picos por el simbolismo que tiene, pero también tomaron gran auge las piñatas con forma de latas de cerveza o botellas de whisky; apenas se acerca diciembre y los pedidos empiezan”, relató.
En su taller ubicado sobre el bulevar Pape y avenida Industrial, rebosan infinidad de colores que tapizan figuras de estrellas, personajes de caricaturas o películas, por mencionar algunas, que cuelgan del techo en espera de su dueño.
“Cada temporada fabricamos de 1,800 a 2,000 piñatas, afortunadamente es una tradición que no se pierde, la gente siente nostalgia por esta época y trata de revivirla”.
LA FABRICACIÓN
Lorena detalló que cada figura tarda aproximadamente un día para estar lista desde su base hasta el decorado.
“A pesar de lo obvio en el cambio de los materiales para su fabricación, recordemos que antes se utilizaban ollas de barro y ahora la base es de papel, la euforia por romper esta figura en la noche de Navidad se arraiga fuertemente en el seno familiar”.
“El gusto de cada persona varía, hay quienes piden la piñata de estrella o el Santa Clós tradicional, pero hace poco me pidieron un Santa Clós con traje rockero, un trineo con todo y renos, ángeles y hasta latas de cerveza personalizadas”, dijo la entrevistada.
En cuanto a los costos, hay también para todos los bolsillos, desde los 25 pesos, que son las figuritas de estrellas que muchos utilizan en los carros como adornos en el retrovisor, hasta las piñatas jumbo de siete picos que se pueden rellenar de dulces.
“Se trata de conservar la tradición, aquella que dice que la piñata representa la maldad que es destruida por el ser humano, las tentaciones que se muestran coloridas y que al final son negadas mediante su destrucción para recibir a cambio una recompensa, que serían los dulces”, aseveró doña Lorena, quien continúa afanosa en su tarea de construir sueños, de hacer que la noche de Navidad en un rincón de la casa o el patio, una de sus piñatas congregue a las familias alrededor de esta singular tradición.
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