Tags: viernes santo, seguridad de saltillo, saltillo, rodrigo zertuche, josé francisco badillo ontiveros, érika coronado, coahuila, cinthia nataly coronado zamarripa


Rosendo Zavala / César Ramírez | Saltillo, Coah.- Cuatro jóvenes que retornaban de una fiesta vivieron la más trágica de sus experiencias, cuando la conductora del auto en que viajaban perdió el control del volante impactándose contra un poste de concreto, dejando un saldo de dos personas sin vida.

A la altura de Camporredondo, en Paseo de la Reforma, José Francisco Badillo Ontiveros, de 24 años, y su amiga Érika Coronado, de 28, sufrieron los estragos de los excesos, ya que según las primeras investigaciones de la autoridad, la combinación de alcohol y velocidad habrían causado el fatídico percance.

La pesadilla de los estilistas comenzó a tomar forma durante los primeros minutos de ayer, cuando tras una noche de copas decidieron abandonar la fiesta a la que habían acudido en la colonia Mirasierra, optando por regresar a sus domicilios en el otro extremo de la ciudad.

Alrededor de la una de la madrugada, Cinthia Nataly Coronado Zamarripa avisó que saldría del evento y abordó su Chevrolet Cavalier 2004 con placas de Texas, con la intención de irse a su casa en Pueblo Insurgente.

Flanqueada por Érika, José Francisco y Rodrigo Zertuche, la mujer de 20 años enfiló su camino por Fundadores hasta llegar al Paseo, por donde cruzó a más de 120 kilómetros por hora, sin imaginar que la muerte los esperaba a la vuelta de la esquina.

Y es que cerca del cruce con el bulevar Francisco Coss, la presunta responsable perdió el control del volante derrapando varios metros, parando su vuelo en seco tras impactarse de lleno cerca del tubo que sirve de base a un puente peatonal.

Como resultado del encontronazo, José Francisco salió proyectado por la ventana del auto para caer atrozmente sobre la banqueta, falleciendo instantáneamente, mientras Erika también sucumbió ante la inercia al impactar su cabeza contra el tubo donde dejó sembrada la vida.

Por su parte, Rodrigo y Cinthia libraban a la muerte sin poder comprenderlo, limitándose a ver la trágica escena donde yacían inertes los dos amigos con los que minutos antes habían compartido su primera pachanga de la semana.

Aturdido por la pesadilla que estaba viviendo despierto, Rodrigo salió del auto y corrió hasta comunicarse con sus familiares, mientras la conductora permanecía inmóvil en la escena, como queriendo asimilar lo ocurrido.

Minutos después, el agente del Ministerio Público en turno acudió para dar fe del doble deceso, mientras la presunta responsable quedaba a disposición de la justicia, que la tiene bajo su tutela mientras se define su situación legal.

TRAS LA ALEGRÍA LLEGÓ EL DOLOR

Sin dejar de contonear su cuerpo, José Francisco bailaba al ritmo de la música electrónica mientras Érika lo contemplaba divertida.

Apenas habían llegado a la fiesta y pretendían pintar la noche de euforia, lo que los empujaría a la muerte sin que se dieran cuenta, según recuerda uno de los sobrevivientes.

En Mirasierra la cotidianidad transcurría diferente, con el vaivén de peatones que, extrañados, volteaban hacia el sitio donde la tragedia comenzaba a gestarse entre el humo de cigarro que los estilistas tiraban a bocanadas.

Pero mientras la primavera regalaba el ansia de beber a los pachangueros por el calor que les daba, la esencia del destino pululaba en el ambiente como buscando a sus elegidos, que lejos estaban de imaginar que el de ayer sería su último arrebato terrenal.

Y es que con la llegada del viernes, Cinthia recordó que sus padres habían condicionado su diversión con los candados del tiempo, por lo que presurosa buscó la puerta intentando evadir el potencial regaño que le esperaba en casa.

Aturdida por los aparentes efectos del alcohol, “La Güera”, de 20 años, caminó lentamente hasta llegar al Cavalier donde ya la esperaba su banda, que apoyando su decisión resolvieron acompañarla en un intento por mostrar la camaradería que los mantendría unidos hasta el final.

Minutos después, Cinthia volaba sobre ruedas, rompiendo la tranquilidad de la noche al mando del texano dorado que se había convertido en íntimo confidente de sus parrandas, mientras Rodrigo, José y Érika le rodeaban maximizando su felicidad, que para entonces ya era ficticia.

Esto porque sobre Paseo de la Reforma, la inexperta conductora derrapó traicionada por los 120 kilómetros con que manejaba el auto, resbalando mortalmente hasta acabar impactada en el poste que se convirtió en el pasaporte de los viajantes al otro mundo.

Sin darse cuenta, la fiestera había tramitado de contado la existencia de José Francisco y Érika, que tras el brutal impacto del dorado contra el cemento inerte fallecieron imediatamente, siendo Rodrigo quien libró la hoz de la muerte de manera milagrosa.

Al otro día, el propio Rodrigo yacía frente al ataúd celeste donde reposaba José, el inseparable amigo que se había ido para no volver, porque la imprudencia de la velocidad le había cobrado la más cara de las facturas sin deberla.

En otro lado, Cinthia intentaba sacudir sus emociones con el silencio sepulcral del encierro, aunque ya es tarde porque ahora enfrenta el dolor de haber asesinado involuntariamente a sus “hermanos”, y deberá afrontar las consecuencias de sus actos con el flagelo de la justicia.